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Aunque sean tenis

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PEDAZOS DE VIDA

Ahora sí se pasó de riata, si sabía que estábamos pedos para que nos hizo caso este jijo de la rechin… repetía una y otra vez el Juancho, que no podía creer lo que había sucedido. Pero qué tal en la noche, andaba sintiéndose el patrón del mundo, “el chingón”, decía. ¿No había cacheteado con billetes de cincuenta al mesero del burdel? Es que este cabrón cuando se siente millonario hace cualquier estupidez.

Pero el problema había sido el dineral que había gastado para comprarse, por fin, el par de tenis de la palomita, de esos que cuestan más de 3 mil pesos y que pagó con su tanda. ¿Y todo para qué? Para que fuera, se emborrachara y se pusiera de necio, como siempre.

“Y miren mis tenis naiki”, presumía el muy cabrón. Bien decía mi abuela el que no tiene y llega a tener, loco se quiere volver, pues este más que loco, está pendejo, con toda la extensión de la palabra y disculpe usted Teresita, pero no hay otra palabras para decir lo que este canijo es cuando está borracho, y tampoco puedo evitar decir las palabrotas que salen de su boca cuando el vino se apodera de su cuerpo.

Pues está el Juancho, que no lo calienta ni el sol, que quiere ir a buscar al niño del cajón, que porque se pasó de gandalla, que porque lo agarró borracho. Anda más encanijado que crudo, y todo porque al despertar lo primero que vio, fue el nuevo diseño que tienen sus tenis, los mismos que toda la noche presumió que le habían costado primero, más de tres mil pesos luego  con el paso de los wiskis y cervezas los tenis llegaron a costar más de cinco mil.

Pero no se para que se enoja, en verdad Teresita, si todo estaba bien, hasta que se puso necio. Estábamos en el Popeyes, cuando entró aquél chamaquito, en verdad Teresita que no le miento, el muchachito se pasó derecho porque todos llevábamos tenis, pero el Juancho que no había parado de hablar de la economía y del presidente Trump, comenzó a decir que los mexicanos, que los productos, que no sé qué tanta cosa, pero al final que teníamos que apoyarnos entre  los mexicanos.

Entonces le habló al jovencito y le dijo que le diera grasa, pero el muchacho se negó. Y el necio este,  sacó un billete de a cincuenta pesos y le dijo “te voy a pagar güey, boléame mis tenis”, pero el morrito le dijo que no, que no boleaba tenis, entonces  el Juancho se puso violento y le dijo que se los boleara, que le daría los 100 pesos.

Pues queriendo y no, pero ya con los dos billetes en la bolsa, le boleó los tenis al Juancho, y este empezó a decir que los mexicanos, que todo estaba encima de los gringos como la grasa para calzado sobre la palomita de sus tenis, y cuando el bolerito terminó se fue, mientras que el Juancho comenzó a bailar, a presumir otra vez sus tenis, mientras las viejas se le quedaban viendo y se reían de lo ridículo que se veía con unos tenis deportivos, convertidos en zapatos por la tinta negra que le echaron encima.

Y ahorita que le estaba diciendo eso, que me corre Teresita, que porque no fui su amigo, que por qué no le cuidé sus tenis, yo mejor ya me voy, este wey está loco, primero que le pintaran los tenis, hasta pagó cien pesos, y ahora está encanijado porque se los pintaron mientras estaba ebrio. Ya no se sabe con esta gente tan loca. Luego nos vemos Teresita, ya mejor me voy a dormir otro ratito porque también ando medio malo…