Home Orbe Así se prepara Rusia para una guerra con Europa

Así se prepara Rusia para una guerra con Europa

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El presidente de Rusia, Vladimir Putin, se agachó junto al pequeño Miroslav, de 9 años, galardonado por la Sociedad de Geografía Rusa por saberse de memoria con qué limita cada país del mundo. Delante del auditorio, le puso a prueba preguntándole dónde acaban las fronteras de Rusia. El niño tomó aire y recitó:

La frontera de Rusia termina en el Estrecho de Bering, en la frontera con Estados Unidos. Putin lo apretó contra su pecho y mirando al público corrigió cariñosamente: “Las fronteras de Rusia no terminan en ninguna parte”. Ocurrió hace un par de semanas en Moscú.

En primera fila el ministro de Defensa ruso, Serguei Shoigu, aplaudía riendo la “broma” del presidente. Mientras, a 1.092 kilómetros de ahí, en Kaliningrado, un trozo de suelo ruso emparedado entre dos miembros de la OTAN (Lituania y Polonia), sus soldados estaban desplegando sistemas de misiles S-400 e Iskander. Los primeros pueden vedar el acceso aéreo a esa zona del Báltico. Los segundos, de corto alcance, pueden portar armamento nuclear.

El presidente del Comité de Defensa del Parlamento ruso, Viktor Ozerov, ha dicho que los misiles son para contrarrestar un escudo antimisiles estadounidense planeado en el este de Europa. “La OTAN es un bloque agresivo”, añadió el portavoz del Kremlin Dimitri Peskov. En efecto, Rusia “tiene derecho a adoptar las medidas necesarias dentro de su territorio”.

Ocho años después de la intervención rusa en Georgia, y con la anexión de Crimea y la injerencia en el este de Ucrania todavía lastrando las relaciones entre Rusia y Occidente, Moscú ha encendido de nuevo las señales de alarma en la OTAN, que ha molestado a Rusia colocando más efectivos en el este de Europa.

Como denuncia el analista Gustav Gressel, del European Council of Foreign Relations, el crecimiento militar ruso empezó mientras Europa miraba para otro lado: “Occidente ha subestimado el significado de las reformas militares en Rusia al fijarse sólo en las carencias materiales que todavía tiene el ejército ruso”.

Como se vio en el caso de Crimea y Donbas, los rusos no necesitan tecnología de vanguardia para vencer en su vecindario. Bastan “intervenciones definidas con precisión y velozmente ejecutadas para anticiparse, y evitar así una reacción de Occidente”.