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AMISTAD Y POLÍTICA

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AMISTAD Y POLÍTICA

FAMILIA POLÍTICA

“La vida es lucha; la política también, pero no son lo mismo” – PGH.

Ciertos temas se ponen de moda en la sociología hidalguense (y de otras entidades), cuando hay conflictos políticos.

En los últimos tiempos, nuestra entidad parecía una ínsula alejada de toda posibilidad de descomposición por motivos atribuibles a desavenencias en el ámbito de la alta política. En lapsos que parecen muy cortos, los cambios se antojan radicales y se piensa que las cosas jamás volverán a ser como antes. Hay razones para ello. “Lo pasado, pasado. No debemos volver los ojos hacia atrás cuando tenemos toda una vida por delante”, decía el licenciado Jorge Rojo Lugo, en su discurso de toma de protesta como nuevo Gobernador de la entidad, después del cisma de la desaparición de poderes en 1975, movimiento de alcance nacional que pudo terminar en tragedia de proporciones monumentales. Los miembros de mi generación y algunas anteriores, vimos muy de cerca las turbas campesinas provenientes de estados cercanos (Morelos, Querétaro, Tlaxcala, Estado de México…) que al mandato de sus líderes y del Presidente de la República, se sumaban a la insurrección que ellos consideraban liberadora, porque lograría que el grupo tradicionalmente en el poder saliera de él y no precisamente por la puerta grande, sino por el sótano. También las instituciones cuyas instalaciones daban albergue a buena parte de la población política hidalguense, cambiaron de mando. El Gran Tlatoani erigía su sombra poderosa en buena parte del país.

Rojo Lugo me decía, años después: “Recibí un Estado inquieto, caliente, lleno de grupos y liderazgos de todos los tamaños, antagónicos entre sí. Casi seis años después, entregué un Hidalgo lisito, terso, unido y bien dispuesto”.

Las palabras del recio líder, dentro de la vorágine de odios y rencores que se daban aún dentro de familias tradicionalmente unidas, parecían lejos de toda realidad, nutridas por las ganas de creer, en las posibilidades de hacer las cosas de buena fe, sin mirar enemigos o adversarios en cada liderazgo, tradicional o emergente. Rojo Lugo empoderó a una generación de jóvenes, mientras continuaba su lucha a nivel nacional, siguiendo el ejemplo de su padre. Don Javier Rojo Gómez se identificó con los sectores campesinos más representativos. Logró dirigir la poderosa Confederación Nacional Campesina y según dicen los enterados, estuvo muy cerca de lograr la candidatura a la Presidencia de la República. Hay que recordar con tranquilidad institucional que, en tiempos de conflicto, él no encabezó grupo alguno para echarle leña al fuego. Lentamente visitó todas las regiones del país y revivió la tradicional “política de la amistad”, que en otro tiempo dio óptimos resultados. Así, poco a poco, Hidalgo volvía a ser uno solo, único, irrepetible, idéntico a sí mismo.

Seguramente los rijosos de hoy (al igual que los de ayer),que proliferan en todos los partidos políticos, en las organizaciones, en las redes sociales y hasta en la sociedad civil, consideran que “ahora sí, se acabó el PRI” y ven a cada priísta como un adversario en potencia y tienen la certeza de que “hay que destruirlos porque son nuestros enemigos, los enemigos de México y de su Presidente”. Dentro de los que estamos aún, leales a nuestro Partido, a sus principios y valores, hay quienes afirman que los que se van (y se están yendo todos los días), son un éxodo de traidores, oportunistas, convenencieros y otra serie de epítetos de esa naturaleza. En este contexto yo me pregunto ¿dónde queda en sentido de la amistad? Estoy seguro de que hay amigos en uno y otro de los grupos en cuestión y que muchos se van o se quedan obedeciendo a una serie de circunstancias internas y externas, que muy poco tienen que ver con la lealtad y las convicciones.

En estos últimos días he recibido llamadas de correligionarios que ya se fueron y de otros que están tentados a irse, para preguntarme ¿qué hacer?, ¿qué opino?, ¿cuál sería el concepto que guardaría de ellos si se fueran? Además, exponen sus razones, algunas válidas, como es la necesidad que tienen de llevar alimentos a la mesa de sus hijos; algunos otros son relativos y hasta de apreciación subjetiva, como el reparto inequitativo de oportunidades y otras decisiones que favorecieron de manera excluyente a los mismos grupos o personas. En fin, cada quien tiene sus motivos para irse o permanecer; lo que a mi juicio no se vale, es llevar las cuestiones de preferencia política al campo de la relación personal o más aún, al ámbito de la amistad o el parentesco.

La ciencia y arte de gobernar no se aprende por el camino de la exclusión y el fundamentalismo. La mejor forma de acabar con los enemigos, es haciéndolos amigos. Una parte esencial de todo consenso, es la suma de amistades; pero antes de sumar, hay que conservar y prodigar afecto a toda costa. Un nexo afectivo que no resiste las más difíciles pruebas que la vida impone, no puede considerarse como algo que valga la pena.

A quienes me han otorgado la distinción de consultarme, les digo que mi afecto sigue invariable y que, si creen que por otra vía política tendrán éxito, nadie mejor que yo habrá de celebrarlo. Mi consideración no está sujeta a su permanencia en un partido; sino en su integridad de hombres y mujeres con principios y valores bien definidos. Pondré en este momento un ejemplo, por el cual seguramente una buena cantidad de mis amigos me habrán de reclamar; sin embargo, así es: Refrendo mi amistad con el Licenciado Julio Menchaca, a quien conozco desde su época de estudiante; como alumno, como hombre y después como compañero en las lides políticas, no tengo nada qué reprocharle, él tampoco a mí. Sabe de mis lealtades partidistas y no por ello reniega de mis afectos. No le he pedido y espero no hacerlo, ningún favor personal; solamente lo reconozco como distinguido ex alumno universitario y Gobernador muy apreciado. 

P.D. El miércoles 28, a invitación de los hijos del Licenciado Rojo Lugo, estuvimos en la ceremonia conmemorativa del natalicio del Licenciado Javier Rojo Gómez, en Huichapan. Fuimos testigos de la elocuencia del Economista Esteban Ángeles Cerón, quien delineó con precisión los rasgos biográficos de nuestro histórico personaje. Lo mismo hizo el Lic. Guillermo Olivares Reina, Secretario General de Gobierno, en representación de Julio Menchaca Salazar. 

Alienta testificar las palabras conciliatorias que expresaron. Se advirtió en ambos la idea de unidad para garantizar el progreso.