El día de hoy concluye la 58 Muestra Internacional de Cine, que proyectó filmes para un público cinéfilo al que se considera más demandante y avezado, así el publico hidalguenses disfruto de producciones internacionales que han sido distinguidas con premios y reconocimientos en festivales tan importantes de cine como el de Berlín, y principalmente, el Festival Internacional de Cannes.
La cinta francesa “Amar, beber y cantar” (“Aimer, boire et chanter”, 2014) de Alain Resnais, será la encargada de clausurar la Muestra que inició el pasado 14 de mayo del año en curso en el escenario que ya es una tradición su proyección el Teatro Guillermo Romo de Vivar. Las funciones: 15:00, 17:00, 19:00 y 21:00 horas
Esta película cobra particular importancia no sólo por su originalidad y su sentido experimental, sino también porque es la última que nos dejó, el gran director francés Resnais, quien falleció un mes después de la presentación del filme en el Festival de Berlín, a sus 91 años. Prolífico y creador hasta sus últimos momentos de vida.
La narración presenta a tres parejas que hacen teatro amateur. De algún modo todos comparten un vínculo con George, el personaje que nunca aparece pero que se menciona en todos los diálogos. Sólo se sabe que, a causa de una enfermedad terminal, le quedan seis meses de vida. Las tres mujeres comparten un lazo amoroso con George y, los hombres (sus parejas), tienen una relación de amistad y ahora de celos ante la amenaza de pérdida de sus mujeres recientemente enamoradas de él. George es un fantasma que controla el curso de estas tres parejas mayores; es un mítico seductor que manipula las vidas de estos tres matrimonios en crisis, quienes siempre lo invocan a pesar de que jamás se verá a cuadro. La película obtuvo el Premio Alfred Bauer del Festival Internacional de Cine de Berlín, y el Premio de la Federación Internacional de la Prensa
Los paisajes de fondo pintados a mano sitúan a los personajes en un no-lugar, fuera de todo tiempo y espacio real, puesto que la mayoría de los escenarios son siempre los mismos pequeños jardines que podrían estar ubicados en cualquier lugar. Es en la imaginación en donde todo acaba de suceder y de darle verosimilitud a la película. Lo mismo ocurre con la historia, la cual gira en torno a un personaje que jamás aparece en pantalla.
“¿Por qué el título [de la película] es Amar, beber y cantar, que no tiene nada que ver con el título original de la obra de Alan Ayckbourn, Life of Riley? Es una cuestión de ritmo. […] Me esfuerzo por dar ritmo a los cambios en una película, por lo que la dirección está llena de contrastes: por momentos es reservada y académica, y de pronto hay un cambio de tono. Esto es con lo que sueño: que el espectador se diga así mismo «Es teatro filmado»; y después cambie de opinión: «Sí, pero en el teatro no puedes hacer eso…». […] Me gustaría lograr lo que Raymond Queneau llamó la brouchecoutaille, una especie de desorden, rompiendo las barreras entre el cine y el teatro. Lo digo para todas mis películas: lo que me interesa es la forma, y si no hay forma no hay emoción; […] así que naturalmente me enamoré del teatro de Ayckbourn, que podría parecer como una comedia ligera, pero no es el caso en absoluto. Basta con mirar los riesgos que toma cada vez con la construcción dramática. Un día dijo esto: «Yo trato de hacer cine con mi teatro, y Resnais hace teatro para el cine».”: Alain Resnais.
Alain Resnais (Vannes, Francia, 1922-2014) Estudió en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos en París, donde se especializó en montaje. A partir de 1948 realizó una serie de cortometrajes sobre pintores, y para la década de los 50 filmó documentales realizados en un estilo ensayístico y tratando una gran variedad de temas (cine, arte, lenguaje, historia y sociedad). Aunque Resnais era contemporáneo de los cineastas de la Nueva Ola nunca se consideró un “autor”, pues sentía más afinidad por la Rive Gauche, grupo al que pertenecía Chris Marker. Para la mayoría de sus guiones, trabajó en colaboración con escritores como Marguerite Duras, Alain Robbe-Grillet y Jorge Semprú; posteriormente adaptó obras de Alan Ayckbourn y Jean Anouilh. Su sello particular es la ruptura de las estructuras narrativas tradicionales en favor de composiciones más complejas con diferentes relaciones de espacio y tiempo. Su obra examinó la complicada relación entre la memoria y el olvido, el mecanismo del pensamiento humano, y la fusión de dos de sus pasiones: el teatro y la cultura popular. Para Resnais, el arte cinematográfico es montaje: selección y ordenación de los planos, ritmo y organización del contrapunto audiovisual.