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ALFIL NEGRO

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TEMBLÓ TODO… MENOS
LA SOLIDARIDAD HUMANA

Fue un temblor muy fuerte y de eso el mejor testigo es usted, que lo vivió a la una de la tarde con 14 minutos, y los segundos que siguieron y que se hicieron eternos con el miedo que da enfrentarse a algo contra lo que no hay más defensa que las medidas de prevención que casi todos conocemos y que cuesta tanto poner en práctica a la hora buena, y la fe en un poder más alto que el humano y al que nos encomendamos en una oración principalmente por nuestros hijos, padres, hermanos, parientes y aquellos a quienes amamos y encomendamos con toda nuestra fe para que estén bien.
Donde usted haya estado, sobre todo si había mucha gente, se dio cuenta de cómo dejaban el edificio para trasladarse a un lugar libre donde hubiera seguridad, lejos de los techos que se pudieran colapsar.  Como sucedió en Palacio de Gobierno, donde los empleados abandonaron el edificio de manera organizada junto con el Gobernador Omar Fayad, que desde la base de la Asta Bandera y con un megáfono de mano, se dirigió a los presentes para reconocer su actitud cívica para actuar en las medidas de prevención que definió como el mejor argumento para enfrentar esta situación del temblor.
Más tarde el mismo Gobernador daría a conocer que en Hidalgo no había daños mayores, con la consideración de la sorpresa y el miedo causado en la población, en el entendido de que no somos zona sísmica, hasta el grado de que esta consideración atrajo la decisión de traer la Bolsa de Valores a Pachuca por esta seguridad.  
Por su parte Sayonara Vargas, con buen sentido de responsabilidad, decidió que se suspendían de inmediato las clases en todos los planteles de educación públicos y privados, a efecto de poder llevar a cabo labores de inspección para revisar la situación de infraestructura de los edificios escolares, por seguridad de los estudiantes.
La UAEH esta vez, al contrario de la otra vez, suspendió labores de manera inmediata para las mismas acciones, lo que refleja una decisión responsable.
PUEBLO SOLIDARIO…
Sin duda alguna el temblor fue muy fuerte y nos puso a temblar a todos, pero hay algo que no tembló, y eso fue el sentimiento de solidaridad de los ciudadanos que nuevamente se dio en el lugar de la tragedia.
Fue hermoso, como en 1985, ver largas filas de muchachas y muchachos, gente mayor, hombres y mujeres retirando escombros en busca de gente lastimada, en busca de la vida de compatriotas que dependían de esta labor de generosidad para vivir.
Sin nada que esperar de recompensa, porque todos son héroes anónimos, sin partidos políticos, sin colores, y con la sola fe de ayudar, de ser útiles en este momento de emergencia y de urgencia.
Es aquí donde el pueblo se muestra con toda su fortaleza y su poderío.
Y nada lo para.
No obedece a ningún liderazgo ni a ningún partido político, para que no salga nadie que quiera colgarse medallas que no se merece.
Es sólo la solidaridad de los ciudadanos, jóvenes y mayores, los que acudieron y acuden en apoyo del que necesita del apoyo en estas horas amargas.
Sin las frases de los narradores de televisión que quieren vestir la tragedia con sus vanidades de líderes de opinión que nadie les cree, como uno de televisa que insistía en que era una lucha contra el tiempo y contra la muerte, una y otra vez, para ganar el subrayado de la tragedia cuando lo urgente parecía que era el llamado a la solidaridad y el reconocimiento al buen trabajo de todos.
Quien ganó fue el pueblo, por su ejemplo de buen corazón y de darlo todo sin esperar recompensas. Sólo por ayudar.
Ese es el pueblo generoso de  México, el que una y otra vez demuestra que es mucho más grande que las tragedias y que sus líderes oficiales.
Bendito pueblo de México…