ALFIL NEGRO

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(En 13 días se terminan las campañas… y en 108 se inicia el gobierno de Omar Fayad)

*EN EL PAN NO HAY QUIEN MANDE

*MI AMIGO EL OBISPO

 

Después del desgarriate que armó don Francisco Javier con su lamentable última intervención en el debate del pasado 14, era tiempo para que en el PAN se mostrara que hay jefe, que hay quien manda, y que se tiene capitán en el barco azul. Era una gran oportunidad que se dejó ir, porque lejos de tomar una medida que le dijera a todo mundo que las cosas se componían de raíz y que no se juega a la política con los caprichos de un aprendiz, de pronto su presidente ASAEL HERNÁNDEZ que parecía caminar correctamente cuando con sentido común, dijo que lo dicho por su candidato estaba mal dicho, a las pocas horas corrigió para señalar que FJ tenía todo el apoyo en su lucha por la candidatura, y que en todo caso, quien debía de contestar los cuestionamientos era el candidato del PRI. Como quien dice, no sólo metió las patas el cantante, sino que le hace coro su presidente, que parece tener sentido común, pero ya se ve que le jalaron las orejas para que diera marcha atrás en lo dicho.

Pobre PAN.

Queda de manifiesto que el PAN estaría mejor en las manos de ALEJANDRO MORENO ABUD que por lo menos nunca tuvo temblor de piernas para tomar decisiones en favor de su partido, o de GUILLERMO GALLAND que supo en su momento, guiar el barco en momentos difíciles.

Eran otros tiempos, no los actuales, en que el dirigente no sabe qué hacer, y tantito va a la derecha y luego cambia, como en este caso del cantante, donde tuvo la gran oportunidad de fijar una línea de conducta política que le hiciera ganar seguidores a su partido, pero que al parecer, echó a perder, porque alguien lo regañó y lo hizo cambiar su declaración.

Lástima.

MI AMIGO EL OBISPO

Aunque esta columna es de política, nunca hay que olvidar que hay otros temas que nos dan sentido de vida, como los amigos y los recuerdos, esas anclas que nos gritan en el corazón, que somos caminantes, con acompañantes de viaje que van con nosotros en distintas etapas de la vida, y que vale la pena tener en la memoria, porque seguramente es lo único que vale la pena, cuando se hace un balance serio de lo que se tiene en el momento de hacer cuentas de lo hecho y no hecho, de lo logrado y no logrado.

Por eso me dio un gusto enorme encontrarme con mi amigo el obispo Gilberto Valbuena Sánchez, a quien le debo seguramente mi vocación de periodista y la convicción de aferrarme a la verdad, o por lo menos, a lo que así considero, en mis juicios.

Tenía 56 años que no lo veía.

La última vez que lo vi no era obispo, era vicerrector del Seminario de Puebla en San Pablo Apetatitlán, Tlaxcala, responsable de la vida de 180 alumnos de latinidad y lenguas clásicas, y con una enorme afición al basquetbol.

En mi caso particular, en su calidad de catedrático de literatura, promovió en mí la lectura por los libros de Julio Verne, dada mi edad, pero sin dejar de lado los clásicos como Cicerón, Ovidio y las obras de Julio César, que desde entonces llamaron mi atención y la afición por escribir y conducir programas de radio, cuando apenas contaba con 14 años de edad.

Seguramente es la raíz de mi vocación de comunicador.

Desde entonces, desde 1960, hace 56 años dejé de verlo, y por desidia y las causas que a veces uno se inventa para no ver su historia personal, dejé de tenerlo presente, pese a todo lo que significa en mi vida.

Afortunadamente, mi esposa insistió en que debía buscarlo, porque en más de una ocasión le platicaba que el gusto por escribir y por leer, sobre todo historia de Roma y de Grecia, y de volver a leer los textos de César, de Ovidio, de Cicerón, las Catilinarias, había nacido por instancias del obispo Valbuena.

Y el fin de semana dijimos que ya era tiempo, porque algo mide los relojes nuestros que fijan las horas de las decisiones; y con amigos, conseguimos su teléfono para visitarlo.

Ya es un hombre grande: 87 años de edad, obispo emérito, es decir, retirado, porque así se lo exigen las leyes eclesiásticas, que después de los 75 años de edad deben presentar su dimisión al cargo al Papa para descansar, sin que dejen de ser obispos o sacerdotes.

El encuentro fue emocionante.

-Padre Valbuena, ¡qué gusto verlo!

-Pasa, ¿cuánto tiempo sin vernos?

Un abrazo, y después, la historia que surgió entera.

Después de 6 años de servicio en el Seminario Palafoxiano de Puebla, y después párroco de Izúcar de Matamoros, fue nombrado Obispo titular de Vizara Didda de la Diócesis de Tacámbaro en Michoacán, por el Papa Paulo VI, donde ejerció durante 4 años, hasta marzo de 1976, cuando fue promovido al vicariato Apostólico de la Paz, Baja California, donde fue el primer obispo en 1988 y, en julio de 1989, fue trasladado a la Diócesis de Colima por disposición de Juan Pablo II, hasta el año del 2005, después de 16 años en los que como ordena el Código Canónico, renunció al cargo, en un acto masivo en el que señaló que se había esforzado en servir a todos.

Volver al inicio de una vocación, a los primeros pasos de una vida que ahora es madura, es emocionante y genera sentimientos especiales que terminan en una Oración de agradecimiento a Dios, por darnos la oportunidad de volver al origen lo que ahora es una realidad, pero que se inició con el apoyo de mi amigo el obispo.