TODOS GRITAN Y NADIE SE ENTIENDE
Cuando todos gritan, tratando de imponer su punto de vista y nadie oye, se cancela el diálogo que puede llevar a acuerdos para caminar por el mejor camino, nacido de la voluntad de mayorías y esto se vuelve una verdadera anarquía, en la que al final se impone no siempre la mejor opción, sino la fuerza de quien tenga el poder.
Desde hace bastante tiempo, vivimos en un país donde todo es gritar, denostar y descalificar al de enfrente, sin que haya posibilidades de escuchar y menos de atender las razones y propuestas de grupos y gente sensata, ante esta cerrazón que nos encamina por senderos peligrosos de imposiciones, que ya vivimos, sin que haya la posibilidad de desandar decisiones hasta peligrosas para todos.
Todos gritan
Si habla el Presidente, los de enfrente siempre le van a encontrar fallas, que por otro lado parece que se dan, porque como él mismo dijo: “todos nos equivocamos” y lo tunden en pólizas cibernéticas.
Y ese griterío en las redes crece, porque a través de cuentas falsas, los escenarios de las redes se vuelven un infierno de gritos entre seguidores de Obrador y los que no van con él.
Súmele a eso la voz de gran tenor del propio Presidente, que un día sí y otro también, le surte a quienes considera sus enemigos, que es como la señal para que su coro arrecie los gritos contra los conservadores y neoliberales, fifís y camajanes.
El resultado es una sociedad confrontada, que ni siquiera en la pandemia, que es cosa de vida y muerte, se une.
A lo mejor porque quien nos debe de unir en intenciones y trabajo, se ha convertido en factor de todo lo contrario.
Y gritan los empresarios, los intelectuales, los miembros del gabinete empeñados en imponer no en convencer, gritan los legisladores de uno y otro, con ejemplares tan lamentables como el barbaján de Noroña y otros por el estilo.
Y gritan los del otro bando con la intención de que a mayor volumen del grito se impongan sus razones.
El ciudadano primero se divirtió de este sainete de los gritos y ahora cansado, mejor se rasca con sus uñas los problemas.
Vino el virus y nos mostró la pobreza de todos, porque pese a su gravedad, no faltaron los que lo quisieron usar como oportunidad para sus ansias de poder.
Y es la hora en que no paran los gritos
Aquí en el estado también se dan los gritos, pero no cuesta mucho identificar a los que gritan.Son los de siempre, que desde que arrancó el sexenio de Fayad le buscan tres pies al gato.
Gritos que son la expresión de falta de entendimiento y de aceptación de responsabilidades.
Ojalá y se acabaran los gritos y se diera el diálogo, con razones para bien de todos. Cuando todos gritan… todos perdemos.