EL REGRESO
Siempre estamos regresando
o eso intentamos hacer
al lugar donde nacimos
y se inicia nuestra historia,
al viejo parque del pueblo
donde jugamos de niños,
a las calles que recuerdan
historias que nos construyen,
como parte de esa magia
que existe y vive
en los pueblos.
Siempre estamos regresando,
a la iglesia, nuestra iglesia,
que conocimos de siempre,
Con sus santos
que nos miran
con cariño, yeso y leña,
donde rezamos con cantos
que nos enseñó amorosa
nuestra madre por las tardes.
Siempre estamos regresando
al parque de nuestra infancia,
donde jugamos en las tardes
que nos parecían eternas.
Porque nunca se acabaron,
porque esos niños de entonces
siguen corriendo y jugando,
en este regreso dulce
a los años de los trompos,
De los charpes y canicas,
del valero y del cometa,
del jugar hasta que la luna
nos gritaba; toda risas,
que había llegado la hora
de regresar a la casa,
Y arriba muy arriba
las estrellas juguetonas
Luciérnagas de los niños,
pintarrajeaban el cielo
con sus trazos de cometas.
Siempre estamos regresando,
a la escuela y sus maestros,
a los recreos de esos tiempos,
a las miradas tan dulces
de esas niñas, hoy mujeres
que sembraron inquietudes
en nuestro tiempo de inicio,
Y que hoy vienen a la mente
en este regreso eterno
de parecer que olvidamos,
pero que nunca se pasa
en este camino raro,
de desandar el camino
a golpe de la nostalgia.
Siempre estamos regresando
a la mesa de la casa,
donde siguen los hermanos
la sopa y el pan que no falta,
y eterna siempre presente
la madre con sus caricias,
y el padre que nos observa
corazón de vegetales
y brazos de peces verdes,
campo y surcos de la tierra,
neblina de los caminos,
por donde cada mañana
se pierde con su sombrero
de guerrero de la siembra.
Siempre estamos regresando,
Nunca acabamos de irnos,
nos amarran los recuerdos,
nos quedamos en las noches
de mil lunas de oro y plata,
de grillos monedas caras
que ruedan entre las milpas
Y saltan ya hechos ranas
Verdes siempre,
siempre verdes.
Siempre estamos regresando
Y un día a cualquier hora
regresaremos por siempre
A la casa del padre,
Y entonces sí sin relojes
diremos riendo y contentos:
Padre, estoy en tu casa,
mi casa herencia soñada ,
recíbeme estoy cansado,
quiero dormir en tus brazos
regreso ya para siempre.