ALFIL NEGRO

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LA GUADALUPANA
    •    La afirmación: “no serán católicos, pero guadalupanos sí”, es una realidad


Estamos a horas de la celebración de la virgen de Guadalupe, que por  años y años ha sido faro que ilumina nuestro país, sobre todo en los momentos más difíciles. Es consuelo y esperanza de muchísimas familias mexicanas que ven en sus manos el puerto de respuestas a circunstancias de grave preocupación, donde el poder del hombre simplemente no funciona.
Es cierto que somos una nación laica, en que se supone que el poder espiritual y el poder político camina cada cual por su senda… dicen los que saben de historia, que por razones que buscan desterrar el abuso.
Sin embargo, para nadie pasa inadvertido que el guadalupanismo es y forma parte de millones de compatriotas, sean o no políticos, y que esta fe inculcada desde las familias por  esas formidables maestras de vida que son las mamás, permanece en México, donde la afirmación: “no serán católicos, pero guadalupanos sí”, es una realidad que no se puede negar.
Quizás en el fondo de este fenómeno esté la orfandad de nosotros como pueblo, mil veces traicionado en sus esperanzas y mil veces rescatado por esta madre amorosa que dice desde el Tepeyac: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”, tesoro que guardamos como esperanza de que todo tiene respuesta y arreglo desde los ojos de esta, nuestra Virgen Morena.
Pocos argumentos tenemos para ser un pueblo unido y nos sobran para ser una sociedad confrontada y polarizada en bandos, en que el de enfrente es el culpable de todo lo negativo.
Por desgracia, no tenemos protagonistas de unidad y nos sobran protagonistas para la pelea entre nosotros mismos.
Quienes se supone son los responsables de unir a la sociedad no lo hacen, porque privilegian sus intereses y propuestas, en las que lo que dice el grupo de enfrente no cuentan y se descalifican por no ser del mismo color.
México no es un pueblo unido porque los grupos de poder tiran cada uno de ellos para su propia parcela sin que se tenga, por lo que se ve, la capacidad  para sumar en un esfuerzo en que se puede diferir de muchas cosas pero nunca en la meta común que se supone es un mejor destino de México.
Y en este escenario, el único valor que nos mantiene con identidad de pueblo, con las manos enlazadas para caminar juntos, es la fe en La Guadalupana, que se quiera o no, sin distingos, tiene a un pueblo unido en la fe y en la esperanza.
Y en esta hora urge tener algo que nos una, que nos diga que pese a todo somos  hermanos y que el destino de uno va enlazado con el del otro y que sólo en esa unidad de intención y de corazón será posible darle sentido a este país.
La historia dice que la virgen Morena quiere mucho a México… dejémonos querer con buena voluntad.