PEDAZOS DE VIDA
Todo indicaba que no teníamos que entrar a ese lugar, desde un inicio la espina que se clavó dentro de mi corazón me lo dijo, pero no quise hacer caso, era necesaria una cerveza bien fría, con su jugo de tomate y condimentos que hacen una buena michelada, la necesidad de sentir su refrescante cuerpo escurriendo dentro de la garganta hasta llegar al punto en donde se concluye el primer trago y se expresa con todo ánimo la satisfacción de seguir vivo. De no haberse ahogado con el refresco amargo que es la cerveza.
La música que lejos de alegrar a la gente, parecía deprimirla, no cambió en el momento en el que estuvimos ahí, y es que aunque a veces es grato tener la oportunidad de elegir la música que se quiere escuchar dentro de un bar, cuando se paga por cada canción, se puede convertir en un martirio, sobre todo para los que no estamos con ánimo de escuchar a los Ángeles Negros, o los Guardianes del Amor con el tema de la película Titanic, versión español.
Sí, también la música lo dijo, pero no fue suficiente, aún así seguimos con la perversa intención de beber un litro de cerveza con unos 200 gramos de camarones en el fondo, tragar como desesperados los chicharrones que siempre ponen y que sacan como bandeja de agua de un enorme tanque que es la bolsa que los contiene.
Es más, ni siquiera las miradas libidinosas de los hombres que coreaban las canciones de Los Bukis y Los Temerarios, nos hicieron retroceder. Ya ni el agua que escapó del baño unisex, como un pequeño riachuelo de agua estancada y vómito que seguramente se alcanzó a filtrar por la tela que tenía debajo la puerta, que sino, seguramente hubiéramos podido especular sobre lo que se había tragado la persona que dejó un desmadre en el único baño del lugar.
Aun así bebimos cerveza comimos camarones, y con gran razón alcanzamos la gloria, para luego regresar al plano terrestre, vestidos de blanco, encamados en un hospital, gracias a los malditos camarones echados a perder. Pero si la vida es sabia y te manda punzadas cuando te quiere advertir, aunque en la necesidad tratas de ignorarlas.