Lamenta que esta generación no mejorara las cosas
El historiador, escritor y periodista recibe la medalla de Bellas Artes
“México será un gran país algún día, pero no por los méritos de mi generación. Hemos corrompido la democracia, hemos sido inferiores a lo que soñamos. Me consuelo pensando que este país es más grande que sus males”.
Con estas emotivas palabras, agradeció en la noche del lunes el escritor e historiador Héctor Aguilar Camín la entrega de la medalla de Bellas Artes, la máxima distinción que concede el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).
El autor de Adiós a los padres y director de la revista Nexos estuvo acompañado en el salón Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes de la capital mexicana por su colega, el periodista Rafael Pérez Gay, y su hermano Luis Miguel Aguilar, así como por un nutrido grupo de intelectuales, escritores, como su mujer la novelista Ángeles Mastretta, y numerosos lectores.
“Escribir la vida para completarla. La escritura para corregir el mundo”, así empezó a trazar su carrera de escritor, iniciada a los 15 años, aunque se reconociese como un novelista tardío. Defendió que su intención siempre fue “escribir novelas legibles cuya profundidad corriera como un río subterráneo”. Citó a Balzac para subrayar que “las novelas deben ser la historia secreta de las naciones”. Morir en el Golfo (1985) y La guerra de Galio (1991) prueban que lo consiguió.
El novelista se refirió a que siempre había tenido dos “casas”. La suya propia, la de la infancia perdida en Quintana Roo, y México. Con la primera, la historia de su familia, dice haberse reconciliado 50 años después con Adiós a los padres y con la segunda, no. Perteneciente a la generación que vivió la matanza de Tlatelolco.
Aguilar Camín hizo un balance, con referencias a Chesterton y a José Emilio Pacheco, un tanto pesimista sobre el devenir de México. “Estamos lejos de ser un país próspero, equitativo y democrático. La responsabilidad mayor es de los Gobiernos, pero también de sus oposiciones, de sus pobres medios, de sus instituciones y de sus iglesias. En 1849, Lucas Alamán llegó a pensar que México podía desaparecer. Un siglo más tarde, en 1947, Daniel Cosío Villegas escribió que todos los hombres de la revolución habían estado por debajo de ella. Hemos sido inferiores a lo que soñamos”.