La Terraza
A nadie le conviene tener un jefe del Ejecutivo en esas condiciones pues no sólo afectan a la credibilidad de él, sino de todo el país
Ya parece un juego de “guerritas” descalificar un día sí y otro también al Presidente Enrique Peña Nieto, claro con toda justificación por todos los errores cometidos en estos años de gobierno, aunque hay que reconocer que los primeros con lo logrado con las reformas no fueron tan duras las críticas.
Hoy, con la libertad de expresión que se ejerce de parte de todos los medios de comunicación en el país, pegarle a la figura de Peña Nieto se ha convertido con razón o sin ella, en un pasatiempo que está llegando a un punto de no regreso. La aceptación del Presidente está en su más baja expresión y todavía quedan dos años para que termine esta administración.
A nadie le conviene tener un jefe del Ejecutivo en esas condiciones pues no sólo afectan a la credibilidad de él, sino de todo el país.
La pregunta que queda en el aire es ¿a dónde conduce ese enfrentamiento entre las decisiones de Peña Nieto y la opinión pública?
Sinceramente no tengo registro de que estos desacuerdos entre la prensa y el Presidente hubieran sido tan explícitos. Tanto la sociedad como los medios, hoy cuestionan libremente cualquier acto o intervención del gobierno.
Lo cual nos lleva a pensar que el inquilino de los Pinos está solo por los motivos que sea, pero está solo. Muestra de ello, la crítica despiadada que hizo la opinión pública a través de los diversos medios de comunicación, tras la invitación a Donald Trump de pisar suelo mexicano y recibirlo con todos los honores en los Pinos y trasladándolo desde el aeropuerto a la residencia oficial en un helicóptero del estado mayor. Ante esto, ningún miembro del gabinete se rasgó las vestiduras para salir, ya no a defenderlo, pero por lo menos sí a compartir los efectos del grave error que cometió Enrique Peña Nieto asesorado por su amigo de mil batallas.
En la memoria de la opinión pública ya no será borrado este hecho, pero sin embargo si deberían tener una estrategia los encargados de comunicación social y política del gobierno federal, para salir de la crisis que generó ésta visita al presidente.
Hoy, la figura presidencial es golpeada por fuego enemigo pero sobre todo por el más peligroso que es el fuego amigo.
La salida del gabinete de Luis Videgaray puede agravar más la situación pues era jefe de un grupo de políticos del Estado de México que hoy se sienten afectados con su salida.
La llegada de José Antonio Meade puede atemperar los indicadores financieros que están pendientes de lo que sucederá las próximas semanas. La capacidad de Meade y su honestidad seguramente ayudará a encontrar un mejor camino para el país del que estábamos transitando.
Esta es la segunda ocasión en que José Antonio Meade es secretario de Hacienda. En el año 2011 llegó el 9 de septiembre para sustituir a Ernesto Cordero. En ese entonces estaba el gobierno de Calderón con algunas complicaciones y fue Meade el que presentó en aquella ocasión también el paquete económico y le tocó cabildear en la Cámara de diputados y en el Senado un paquete que no había diseñado él. Así es que experiencia la tiene y habla de sus buenos modales para dialogar.
La insatisfacción social y sus repercusiones en los mecanismos políticos que estamos acostumbrados a utilizar para remediarla, tienen que atenderse con una acción mancomunada de los gobiernos y los factores de la producción. El asunto ha dejado de ser ideológico como lo era a lo largo del siglo XX como bien lo explica Julio Faesler.