A darle duro…

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Iniciamos el 2016. Ya repartimos abrazos, ya repartimos sonrisas, ya repartimos regalos; ahora solo nos falta repartir esos “kilitos de más” que misteriosamente en este fin de año engrosaron ese lugar en donde alguna vez tuvimos cintura, y cuyas estrías dificultan ponerse aquel pantalón o camisa que nos hacía ver más esbeltos; tenemos todo un año para llegar a nuestras medidas y tallas optimas que halaguen a nuestra autoestima; aunque seguramente habrá algunos que les agrade su nueva figura y prefieran conservarla a través de infusiones de vitamina T; en cualquiera de los casos, ¡a correr se ha dicho¡, corran por su vida.

 

 

Pues la energía es y será factor fundamental en este año que comienza, será un año en donde nos tendremos que agarrar hasta con las uñas para no perder los escasos recursos que las fiestas de fin de año nos han dejado, sobre todo ahora que el panorama social y político se ve bastante incierto, lleno de nubarrones.

 

Largo y sinuoso camino tendremos por recorrer este año, desde las consecuencias de las “reformas” que nunca se previnieron, pasando por las elecciones en nuestro Estado de Hidalgo y la necedad de los vividores de la política al tratar de revivir muertos para generar conflictos a sus adversarios en campaña; hasta llegar a las insensibles decisiones tanto de los gobiernos municipales contando con la sumisión de algunos cabildos al tomar medidas que en lugar de beneficiar a la población terminan perjudicándola.

 

Nada podemos hacer para cambiar el pasado, pero sí tenemos en nuestras manos la envidiable oportunidad de mejorar el futuro, siempre y cuando aprovechemos hasta el último minuto de nuestro presente; la vida, día con día nos presenta nuevos retos, pero también renovados bríos y mejores estímulos para seguir adelante, absolutamente nadie se escapa de esa premisa de avance personal; un nuevo conocimiento, por simple que nos parezca, nos ubica en un escalón superior en nuestro desarrollo, pues éste, conjugado con otros conocimientos que a lo largo de nuestra vida hemos adquirido, nos permite aquilatar lo bueno y lo malo de nuestras acciones.

 

¿Año nuevo?, convencionalmente sí, pues así lo hemos determinado para medir el tiempo; sin embargo, esa vuelta en nuestra página anual lleva consigo un sentimiento más profundo que lo hace ser algo más que solo una renovación del calendario, pues de otra forma no nos explicaríamos porqué cada año hacemos un recuento de los daños y atiborramos nuestras agendas con nuevos propósitos, luego entonces, lo que en verdad deseamos es darle una vuelta pero a nuestra página de la vida.

 

Ese sentimiento de dejar atrás lo viejo y darle la bienvenida a lo nuevo, nos permite ver con claridad que nuestro deseo de avance también es permanente, de tracto sucesivo, se nos presenta minuto a minuto; pero siempre consideramos necesario hacer un alto en el camino para analizar el rumbo recorrido y redefinir la estrategia para seguir avanzando.

 

Todo ello es lo que hace que estas fechas sean tan especiales, y por ser el hombre un animal social por naturaleza, fluye en ese momento nuestra necesidad de compartir nuestros deseos con todos los que nos rodean, incluso con aquellos con los que durante el año quizá tuvimos malas relaciones interpersonales.

 

Y les deseamos un mejor año, e inconscientemente también deseamos que ellos nos feliciten y nos digan palabras de aliento; pero muy en el fondo, ese sentimiento es la exigencia a nuestra necesidad de aprobación de nuestros actos y sobre todo, a nuestra ansiedad por cambiar de piel –metafóricamente hablando-e iniciar un nuevo ciclo en nuestra vida; cambiar para mejorar, algunas veces lo logramos, otras más, nos quedamos en buenas intenciones, pero siempre con la mira telescópica bien puesta en nuestro personal proyecto de vida.

 

Se dice que solo el que carga la caja sabe lo que pesa el muerto; en la mayoría de los casos así es, por ello, cuando analizamos y calificamos como buenos o malos nuestros actos, lo que estamos haciendo es aligerar el peso de dicha carga, y buscar que las nuevas cajas pesen menos; esa proyección de las cosas nos es otorgada por esos nuevos y simples conocimiento que cada día vamos obteniendo; la grandeza de lo sencillo, la grandeza de lo simple es lo que al final nos hará levantar la cara y seguir adelante.

 

Tiempos complicados; por el año que se fue ya nada podemos hacer, no así por el año que empieza, por ello nadie debe quedarse con los brazos cruzados, desde nuestra casa, nuestra oficina, Nuestra Palabra, todos debemos aportar algo para mejorar, nadie va a hacer por nosotros lo que nosotros no hagamos por nosotros mismos; hay gente cuya premisa diaria es buscar a alguien a quien fregar, a quien someter a sus intereses y caprichos, a esos, debemos apartarlos de nuestros planes de vida, darles una bofetada de progreso a sus negras intenciones de división y confrontación.

 

Ojalá y los candidatos entiendan que buscar ganar las elecciones es para servir a la sociedad y no para servirse de ella, que sus campañas no se limiten a descalificaciones y retórica ambigua o demagógica, pues por esa razón, los votantes cada vez están más alejados de las urnas; el auténtico propósito de la democracia deberá ser reducir las grandes desigualdades, pero no a base de resistencias que nada tienen de pacificas y que solo confunden al ciudadano, eso es fundamentalismo de alguien que está resentido consigo mismo y cuya violencia la transfiere a sus seguidores.

 

Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.

 

Lic. Miguel:. Rosales:. Pérez:.