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Volver a la cámara de gas

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  • Oklahoma plantea ejecutar a los condenados a muerte con gas nitrógeno ante la falta de barbitúricos para la inyección letal

Washington.- Con las ejecuciones en Oklahoma en suspenso pendientes de la decisión del Tribunal Supremo de si uno de los tres componentes que se usan en el cóctel mortal de drogas para acabar con la vida del condenado por inyección letal viola la Constitución de EU, legisladores republicanos están a un paso de convertir ese Estado en el primero que permita el uso de gas nitrógeno para acabar con la vida de los reos.

 

Se trataría de una muerte por hipoxia, al utilizar gas nitrógeno y privar al preso de oxígeno en la sangre, lo que en opinión de quienes patrocinan la ley es equiparable a una muerte sin dolor como la que sufren los pilotos cuando la cabina de un avión se despresuriza. “No se necesitaría a ningún médico para hacerlo”, asegura el representante Mike Christian, antiguo policía de carreteras. “Es muy práctico y es eficiente”, concluye.

Durante más de un siglo, Estados Unidos buscó la forma ‘más humana’ de acabar con la vida de alguien en nombre del Estado. La horca y el pelotón de fusilamiento primero, y la electrocución de los condenados (la primera silla eléctrica data de 1890) y la muerte en la cámara de gas (1920) después, herían los sentimientos de incluso quienes participaban en la gran farsa de la muerte humana auspiciada por el Estado.

Se llegó a la adopción de la inyección letal tras un macabro acto de evolución propiciado por un forense partidario de la pena capital, que consideraba que se mataba animales “con más humanidad que con la que se mataba a personas”. Paradójicamente, ese forense, Jay Chapman, residía en el mismo Estado que ahora ve amenazada por el Tribunal Supremo la supervivencia del método por cruel y se plantea la vuelta a la cámara de gas. El padre de la inyección letal no pudo imaginar allá por 1982 –primera vez que se usó tal método, en Texas- que su invento sería desterrado por algo tan simple como un problema de oferta –ya que los laboratorios ya no quieren vender anestesia para uso en las cárceles- que no demanda. (Agencias)