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Un Infierno Bonito

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MACHETAZO A CABALLO DE ESPADAS

El sábado pasado se me ocurrió ir a dar una vuelta al centro, eran como la una de la tarde, toda la calle de Hidalgo y los portales, así como en la de Morelos, que abarca el jardín Constitución, había mucha gente por los vendedores ambulantes, yo iba con la intención de comprar una chamarra y zapatos, que ya ando haciendo tierra y algo para comer,  como filetes de pescado en el mercado Benito Juárez, al pasar enfrente de la iglesia de la Asunción; cambie de opinión y me decidí mejor por llevar pastes para la comida.

Me regresé rumbo a la calle de Ocampo caminando, chocando entre la gente, de momento vi a unos metros de distancia a personas  ya maduras en frente, eran como 13 del lado de la banqueta, y otras tres del lado de los aparadores, otras tantas en medio, abarcando la banqueta, caminaban  de frente por donde yo iba a pasar. Me seguí de filo sin darle importancia e iba a pasar por en medio de ellos, de momento los que iban del lado de los aparadores, lo mismo que los de la banqueta, se cerraron, quedando rodeado por los tres que iban en medio.
Pensé que a lo mejor querían jugar a doña Blanca, sentí algo con filo que me pico la costilla y uno de ellos me dijo: “camínale, sigue tu camino, uno de ellos me tiró un madrazo, que si no me agacho me pasa lo que al perico, pero sí me pegó en el lado izquierdo de la barba, caí al suelo parando las patas, otro se aventó arriba de mí que soné como claxon, metió la mano en mi bolsa del pantalón y me sacó la cartera,  con el peso del que tenía arriba de mí, no me podía mover, la cartera se la pasó a otro, pero al ver que sacó todo el dinero que llevaba, jugándome todo por el todo, hice un gran esfuerzo de pararme y se la arrebaté. Le di un golpe en la quijada y logré tumbarlo, le di una patada con todas mis fuerzas, que corrió sobándose lo que tenemos en medio de las piernas, uno de ellos se lo llevó, mientras otro me dio una patada en donde tengo la herida de mi operación, que está cerca del ombligo, que me hizo doblar del dolor, y apenas si podía subirme mis pantalones, que tenía a media cola, se me había reventado el cinturón.
La gente se paró a ver cómo me golpeaban y nadie me ayudó a levantarme, por el contrario, se hacían a un lado, haciendo miles de gestos y gastando las pocas fuerzas que me quedaban, me arrastré y me quedé sentado en la orilla de la banqueta, abrí mi cartera y de mil 200 pesos que llevaba, quedó vacía. La gente me miraba, pero no me ayudaba a levantarme, todo fue tan rápido, que no ví ni para dónde se fueron. Caminado como jorobadito, me pasé al otro lado de la calle y busqué a un policía, pero no había ninguno, di la vuelta para llegar en frente de la puerta del mercado 1 de mayo y ahí estaba uno, con los cachetes inflados al silbar a los coches que circularan rápido. Me acerque junto a él y le dije que si me podía auxiliar, que me acababan de asaltar. Me hizo con los dedos que me espera tantito y después me preguntó:
    •    ¿Qué se le ofrece caballero?

    •    ¡Me acaban de asaltar!

    •    ¿Quiénes y en dónde?

    •    Aquí, en la parte de abajo, donde terminan los portales, si me acompaña, los puede detener.

    •    ¿Cuántos son?

    •    Varios.

    •    Espéreme tantito, deje quitar a esos güeyes, que se estacionan donde quiera, mientras, a ver explíqueme qué le pasó, porque no le entendí ni madres. 

Le volví a explicar lo que me pasó y no me hacía caso, no dejaba de tocar su silbato.
    •    Sígame, vamos a dar parte a mi superior.

Caminado como poco a poquito, despacio, pasamos la tienda del Lazo Mercantil, hasta llegar a los funerales Arriaga, frente a la Presidencia Municipal, bajó una mujer policía y le preguntó:
    •    ¿A quién asaltaron?

    •    Aquí, al señor.

    •    Señora, se había de apurar, a ver si de chiripada agarra a los ladrones.

    •    Señorita, aunque se tarde un poquito.  Déjeme hablar con el comandante a ver qué hacemos.

Llamó por su celular, y le dijo:
    •    Aquí molestándolo, mi jefe, tengo a un señor que dice que lo asaltaron en la calle de Hidalgo. ¿Usted qué dice?

    •    ¿Está golpeado? 

    •    No mucho, sólo se queja de  golpes internos y camina como si fuera a dar a luz, parece disco rayado, que si nos apuramos los podemos agarrar, no deja de mencionar que lo asaltaron.

    •    Dígale que venga a la barandilla a poner su queja al Ministerio Público, para que levante un acta y vayamos agarrar a los asaltantes.

    •    Ya le dije, pero dice que no puede andar y que está muy lejos donde le dije que fuera.

    •    Entonces denos el parte que usted tomó para ponerle que se negó a acudir a delatar a los ladrones, con esos requisitos podremos hacer la investigación, dígale que cuánto le robaron. 

    •    Dice que mil 200 pesos.

La dejé hablando sola y rengueando caminé y caminé desde el centro hasta mi casa que fue toda la calle de Guerrero, subir por Fernando Soto, la calle de Abasolo, subir por la calle de Juan de Dios Peza, hasta llegar a la secundaria número 3 y de ahí  a la calle de Monte Cáucaso, porque todo mi dinero me lo robaron y me la tuve que aventar a pata, no me dejaron ni para la combi, menos para un taxi. Estas posadas no las olvidaré nunca, cuando entré a mi casa, mi señora me puso como lazo de cochino:
    •    Me tenías con el pendiente, me dijiste que no te tardabas, a ver tu chamarra que te compraste, de perdida me hubieras comprado un paste.

Por el coraje estaba que explotaba, a punto de llorar, arrepentido de bajar al centro, me quitaron lo poco que me sobraba, lo bueno es que en Gobierno me dieron un Pavo y me lo voy a comer como Macario, yo solito sin convidar a nadie. Porque a veces pagamos justos por pecadores.