Se siente una calma tensa, se presiente un trasfondo en el contexto social, los conflictos se huelen, la liebre puede brincar en cualquier momento y nadie acierta a dar explicaciones del cómo salir de la barranca en que estamos metidos, al contrario, pareciese que se trata de cubrir la realidad con las apariencias.
Da la impresión que los poderes fácticos empiezan a tomar el control ante la aparente incapacidad de los poderes formales, una especie de bruma política perturba la claridad de los hechos; no estamos bien, y nos obstinamos en decir que hemos salido bien librados y que no pasa nada.
¿Quién tiene el control?, todos y nadie, así es; si algo sale bien, cualquier sujeto querrá ponerse la estrella; pero si algo sale mal, nadie osará asumir la responsabilidad; ya lo vivimos en el pasado cuando un presidente dijo ¿y yo porqué?.
La era de la sucesión está en proceso, si no es que ya está definido el camino al decir que la sana distancia entre Gobierno y Partido ya no existe, ¿acaso otra pareja presidencial?.
¿Vacío de poder o ya se llenó el hueco con los recientes cambios entre el Congreso y el Partido?; lo cierto es que en tanto no haya una definición en el rumbo social, político y económico, los mexicano seguiremos sufriendo las consecuencias de la incertidumbre.
Una “devaluación del peso”, o en el lenguaje suavizante de la época, “un deslizamiento de la moneda”, que provocará temblores en los inversionistas, tal y como sucedió en las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado, ese siglo que parece muy lejos pero muchos de nosotros todavía somos parte de él.
No olvidemos esa época de crisis en la que estuvimos inmersos, nuestra moneda valía menos que un cacahuate, y la inflación prácticamente nos reventó, éramos unos millonarios pobres, todo gracias al enriquecimiento de la colina del perro y al populismo limosnero, aderezado con la estrategia del avestruz del auto engaño.
No, las cosas no se encuentran bien, y lo mejor sería reconocerlo y tomar las medidas adecuadas, pero a tiempo; pues entre más tardemos en reconocer el estado de crisis en que nos encontramos y solo demos calmantes a la infección, más difícil será sanar el cáncer que a diario nos corroe.
Para los maquiavélicos, las crisis son un negocio personal, pero son una desgracia social; la frivolidad debe ser sacudida y quienes tienen la obligación de actuar, deben asumir su momento histórico y resolver, no solo paliar la situación. Debemos aprender de la historia para no caer en los mismos errores.
En un mes estaremos gritando ¡viva México!, yo lo empiezo a gritar desde este momento, pues nuestro País necesita no solo del grito, sino del empuje de todos los que vivimos en esta hermosa tierra devastada por la tranza y las traiciones políticas.
Dejemos de hacernos las víctimas y tomemos el control de nuestros actos; que los que administran al País, a los Estados y a los Municipios, hagan su trabajo para beneficiar a las mayoría y no solo a un sector oligárquico de la población, de otra forma pasarán a la historia con un manto más negro que sus conciencias y una cola tan larga que fácilmente podrá ser pisada; que la sociedad, no solo reclame y exija, sino que también hagamos la parte que nos toca y cumplamos con nuestras obligaciones cotidianas; el estudiante a estudiar, el Maestro a enseñar; los políticos y sus Partidos, esos harían muy bien si se colocan a un lado o se van a la banca por un rato; y esa sana distancia la hicieran cada vez más sana y más distante, de esa forma ayudarían mucho a la sociedad; Utopía no existe en nuestra realidad
Las palabras se las lleva el viento, pero mi pensamiento escrito está.
L.D. MIGUEL:.ROSALES:.PÉREZ:.