* Morena, a merced de las mafias
Echadas por la borda todas las estructuras que daban sustento a secretarías tan importantes como la de Gobernación, que de este modo quedó baldada para realizar cualquier tarea de inteligencia real, una situación similar vive el partido político fundado por el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, que luego de servir como medio para el triunfo presidencial hoy mismo observa su cruda realidad, en la que se debate entre ser presa de verdaderas mafias políticas o de plano asumir el desprecio del Jefe de la Nación, harto de lo que ha terminado por convertirse Morena.
Hidalgo es un ejemplo aleccionador porque reúne las condiciones que se viven en prácticamente todo el país con tránsfugas de todos los partidos políticos que regentean al movimiento morenista, y que incluso lo utilizan como escudo para evadir a la justicia por las trapacerías cometidas.
Lo más grave a estas alturas es que buena parte de los legisladores locales y federales que recibieron como regalo la nominación del partido del Presidente a quien en última instancia deben su escaño, de buenas a primeras ya argumenta que la victoria tuvo como origen su arrolladora personalidad y presencia sin igual en los distritos donde fueron colocados por quien negoció sus postulaciones. El principio de agradecimiento empieza a desaparecer, lo que deriva ya en una lealtad única y absoluta ya no al proyecto presidencial, sino al jefe del grupo que los cobija.
De ahí proviene la pugna a muerte que escenifican en todas las regiones de Hidalgo incluidos los balazos, porque Morena nació sin una estructura real y como tal, se mantiene. Su único sostén fue López Obrador, quien habría ganado seguramente con o sin partido político, y la mayoría de sus candidaturas habrían logrado sonoros triunfos con o sin candidatos. Es una realidad amarga pero real en la que fueron inventados abanderados no sólo sin ninguna experiencia, sino que carecían de cualquier tipo de plataforma política, como no sea el decálogo de su patrón inmediato que los colocó en la lista.
Morena empieza a dar muestras preocupantes de las peores acciones de corrupción que en todo instituto político son fruto del tiempo, de cacicazgos de décadas. El problema es que Morena es un partido de reciente cuño con males de organismo seniles.
¿A quién conviene esta situación?
No, al ex partido oficial, el PRI, no. Tampoco al PAN, ni siquiera al PRD.
Sí en cambio a cacicazgos políticos que abundan en la entidad, a grupos de poder surgidos y alimentados dentro del tricolor, pero que hoy llenos de resentimiento por haber sido desplazados luego de jugar un juego de conveniencias, aquilatan la posibilidad de anunciar su salida rumbo al Santo Grial de Morena.
Lo complicado para Morena es que ya no puede ser el Presidente quien busque ser el salvavidas del partido que fundó, no sólo porque su cargo se lo impide, sino la dramática realidad del país que por ninguna circunstancia justificaría se distrajera en esa tarea cuando la nación necesita y urge toda su atención.
Así las cosas, pareciera que el Movimiento de Regeneración Nacional está condenado a caer en manos de mafias locales que no han dudado ni dudarán en usarlo como parapeto para evitar que la justicia castigue sus fechorías.
Un partido sin estructura real es una vacilada, y eso lo saben. Su estructura fue López Obrador, pero hoy es Presidente de la República.
La situación puede derivar a un nivel tan crítico, que incluso aquellos que usaron a su antojo a Morena para llevar a sus súbditos a cargos de elección popular desde que son usados para cuidar sus intereses, hoy mismo podrían estar con la idea de buscar un alternativa menos endeble.
Mil gracias, hasta el próximo lunes.
jeperalta@plazajuarez.mx/historico/historico
@JavierEPeralta