Asunción, Paraguay.- El Papa estaba agotado, no podía dar un paso. “No doy más”, le dijo a un sacerdote que intentó que ingresara en la cárcel del Buen Pastor. Se sentía agotado, con las fuerzas justas para cumplir estrictamente la agenda. Y en la del viernes en Asunción, solo figuraba una parada del Papa-móvil seis minutos ante el penal de mujeres de la capital paraguaya para escuchar una canción de las presas. Como solo formaban parte del coro medio centenar de mujeres en un palco instalado en el muro exterior, el resto de internas debió permanecer en el interior de la cárcel y deseaba recibir la bendición de Francisco. Pero el Sumo Pontífice fue incapaz de dedicarles un minuto más. Y es que cada día que pasa es más notorio el cansancio que acumula después de una semana de viaje oficial, sobre todo en la tardes.
Aunque no pudo complacer a las reclusas, cumplió estrictamente el resto de los actos programados por la tarde. En el Palacio Presidencial, ante el Presidente de la República y miembros de los tres poderes estatales, las Fuerzas Militares y el cuerpo diplomático, el Papa pronunció un breve discurso en el que mencionó la necesidad de acabar con la corrupción.
Lo hizo en tono moderado, alejado de la dureza que empleó para referirse a los perjuicios del capitalismo. Pero como en lenguaje Vaticano los gestos cuentan tanto como las palabras, para muchos paraguayos hubo un detalle que lo dice todo. Al terminar de pronunciar la frase: “Sé que existe una firme voluntad para desterrar hoy la corrupción”, levantó la vista y miró al Presidente Horacio Cartes, un próspero empresario. Analistas y en redes sociales estimaron que fue una manera de indicar que estaría vigilante.
En todo caso, fue una afirmación polémica que no dejará contentos a muchos que consideran que el gobierno no combate la corrupción con determinación. Igual que esa otra en la que el Papa apoyó al Presidente, miembro del omnipresente Partido Colorado, en su gestión.
“Se están haciendo esfuerzos para que Paraguay crezca. Han dado pasos importantes en el campo de la educación y sanidad, que no cese el esfuerzo”, Francisco. Pero advirtió que “un desarrollo que no tiene en cuenta a los débiles, no es verdadero desarrollo”. (Agencias)