Desde las pasadas 12 de la noche de ayer en Bruselas y una vez que los empleados del Fondo Monetario Internacional (FMI) terminaron su jornada laboral a las 6 de la tarde de Washington, Grecia oficialmente adeuda 1.550 millones a la institución que preside Christine Lagarde correspondientes al pago que el país heleno debía hacer en junio.
¿Se puede calificar esta situación como un impago?
Depende de a quién se pregunte, hay respuestas de todo tipo. La de una de las principales interesadas, esto es, la de Christine Lagarde es que sí, que en el mismo momento en el que un país deja de cumplir con el Fondo incurre en un impago aunque hay voces que señalan que esta afirmación es una medida de presión. En la misma línea que el FMI están muchos medios internacionales como Financial Times, e incluso analistas de la agencia Bloomberg ironizan con que se trata de un “impago llamado de cualquier otra manera”. En cambio, desde RBS señalan que este impago no es un default ya que la institución no es un acreedor privado. El razonamiento es compartido por las agencias de calificación ya que siempre se refieren “a la capacidad y voluntad del Gobierno con las obligaciones financieras de los acreedores comerciales o no oficiales”.
¿Hay manera de revertir la situación de impago una vez que se ha producido?
“Todo depende de la voluntad política, si la hay se buscarán los mecanismos necesarios para restar importancia al hecho de que Grecia no ha pagado”, asegura el economista y analista financiero, Carmelo Tajadura. Pero para ello, prosigue, es esencial que “Grecia muestre una disciplina económica que hasta ahora no se ha visto”. Una de estas soluciones podría ser un periodo de gracia de 30 días que algunos analistas aseguran que está recogido en las directrices del FMI pero que desde la institución aseguran que ya no está vigente.
¿Y qué dice el mercado?
Que el impago es inminente y la mejor muestra de ello es lo que ha ocurrido en el mercado de deuda desde el pasado lunes. A diferencia de la Bolsa, cuya actividad se ha suspendido durante toda esta semana en una decisión sin precedentes en la Eurozona, la deuda sí ha seguido cotizando y la prima de riesgo del país ha repuntado más de 400 puntos hasta sobrepasar holgadamente los 1.450 enteros. Este nivel no se registraba desde diciembre de 2012, año en el que la supervivencia del euro estuvo más en duda, incluso, que en los últimos días.
¿Ha ocurrido algo similar en una economía desarrollada?
No. En toda la historia sólo Zimbabue, Somalia y Sudán han dejado de pagar al FMI, en buena parte gracias a su condición de acreedor preferente. Incluso Argentina, un país en los que más arriesgado es invertir y con un amplio historial de impagos, llegó a un acuerdo con el FMI para saldar sus deudas.
¿Cuáles pueden ser las consecuencias de esta situación?
La más grave, la salida de euro de Grecia, un escenario cuyas probabilidades han ido aumentado durante los últimos días en las previsiones de muchas entidades de inversión. A este punto se llegaría si el país heleno no alcanza un acuerdo con las instituciones y se ve incapaz de pagar las deudas y, sobre todo, los sueldos de los trabajadores públicos y las jubilaciones.
¿Sería posible la permanencia en la zona euro con dos monedas conviviendo?
“Formalmente Grecia se podría quedar dentro del euro pero como necesitaría una gran liquidez, tendría que emitir una fuerte cantidad de moneda nueva y ésta sufríría una gran devaluación, por lo que la permanencia solo sería virtual”, explica Tajadura. Además, prosigue el economista, “la teoría dice que la moneda mala acabaría expulsando a la moneda buena ya que toda la población utilizaría la segunda con el fin de deshacerse de ella”.
¿Se puede cuantificar el coste del Grexit?
Es complicado ya que las consecuencias serían multiples y en muy distintos ámbitos. El “impacto mínimo directo”, apuntan desde RBS, “sería de 239.000 millones de euros, el 2,4% del producto Interior Bruto (PIB) de toda la Eurozona”. Esta cifra no incluye “el impacto en el sistema financiero y el coste de sentar un precedente por el que se rompería la irreversibilidad del euro”, añaden desde la entidad.
¿Afectaría a otras naciones?
Sí. En primer lugar, los mercados tendrían que cotizar un escenario inexplorado y muy alejado de la estabilidad. Además, las entidades bancarias del resto de la zona registrarían el impacto, las economías se contraerían y los más pesimistas no descartan que el euro llegase a su fin. (Agencias)