• Nuevos descubrimientos han hecho grandes aportaciones al área del “análisis temporal forense”
Las técnicas de análisis forense son muy útiles para las investigaciones criminales. Pero aunque pueden ayudar a revelar de quién procede una muestra o cómo ha llegado a donde está, la capacidad de la ciencia forense tiene limitaciones, que tiene que ver con el tiempo. ¿Cuándo falleció una persona o cuándo se depositó una mancha? Responder a dichas preguntas es crucial, en especial para los abogados de la defensa que intentan confirmar coartadas.
Por suerte, la investigación arroja constantemente nuevos resultados. En los últimos años, nuevos descubrimientos han hecho grandes aportaciones al área del “análisis temporal forense”.
Una ley no oficial en el análisis forense es la de “considerar siempre al menos una hipótesis alternativa”. Ahí es donde entra en juego el aspecto temporal. Si en la escena de un crimen se encuentra una mancha de sangre perteneciente a un sospechoso, parece una prueba muy sólida contra él.
Sin embargo, si dicho sospechoso o sospechosa declara que estuvo previamente en la escena del crimen por razones legítimas y que le sangró la nariz, la prueba quedaría efectivamente invalidada.
Y es que una parte clave al investigar un homicidio es descubrir con exactitud cuándo falleció la víctima. Desafortunadamente, el “intervalo post mortem”, también conocido como cálculo de la hora de la muerte, es un campo altamente subjetivo.