Buenos Aires.- La presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, se dispone a enfrentar su segunda huelga general en lo que va de año y la quinta desde que empezó a gobernar en la Casa Rosada. El sindicalismo opositor exige aumentos salariales similares a la inflación que estima en torno al 35 por ciento. El Ejecutivo se resiste y únicamente contempla subidas de un máximo del 27 por ciento.
El ala rebelde de la poderosa Confederación General del Trabajo (CGT) que lideran el camionero Hugo Moyano y el gastronómico Luis Barrionuevo, no está dispuesta a dar su brazo a torcer. Tampoco la Central de los Trabajadores de Argentina (CTA) que encabeza Pablo Micheli. Juntos tienen, como han demostrado, suficiente fuerza para paralizar Argentina de norte a sur durante 24 horas que, en esta ocasión, empiezan a contar a partir de la medianoche.
Sus demandas, como en la última convocatoria del pasado marzo, incluyen aumentos de emergencia para los jubilados, medidas contra la inseguridad y la inflación así como una reforma en el denominado impuesto a las ganancias que obliga a cotizar más a los trabajadores que reciban ingresos superiores a los de 15.000 pesos, en torno a los 1.500 euros.
La posibilidad de un acuerdo de última hora que evitara una medida tan drástica del sindicalismo quedó descartada. «No hay ningún tipo de posibilidad de que unilateralmente se pueda arreglar y se levante la medida», advirtió Luis Barrionuevo. El sindicalista, célebre por expresiones como, «el Gobierno tiene que dejar de robar por 30 segundos y salimos adelante», consideró que la solución está en manos de Cristina Fernández, «lo resuelve ella» con una palabra ya que «la recaudación más grande que tiene el Estado es la que les saca a los trabajadores», en alusión al impuesto a las ganancias. (Agencias)