- “Hará falta que todos los implicados adopten decisiones duras”, dijo el presidente de EU
Elmau, Alemania.- El presidente de EU, Barack Obama, abandonó ayer Alemania con un mensaje claro para los Gobiernos de la eurozona: hay que resolver cuanto antes el problema griego. “Todos aquí sentimos la urgencia de buscar un camino que resuelva la situación”, dijo el líder estadounidense tras el G-7 celebrado en los Alpes bávaros. El aviso de Washington llega en un momento de máxima tensión para Atenas, que ve cómo se le agota el tiempo para cerrar un acuerdo que le aleje de la quiebra.
Obama eligió un tono salomónico. Tras dos días de conversaciones con los líderes de otras seis potencias, el presidente estadounidense recordó a Atenas que está obligada a tomar “decisiones difíciles que serán beneficiosas a largo plazo”. Pero no es solo el primer ministro griego, Alexis Tsipras, el que se tiene que mover. “Si las dos partes (Grecia y los prestamistas europeos) muestran la suficiente flexibilidad, se podrá resolver el problema. Pero hará falta que todos los implicados adopten decisiones duras”, dijo el estadounidense.
El mensaje fue milimétricamente calculado para no ofender a la anfitriona, la canciller Angela Merkel, pero al mismo tiempo recordar que a ella también le corresponde evitar que un problema europeo se convierta en una crisis financiera global. Este no es el primer aviso. Obama recordó el domingo a la canciller la importancia de buscar una solución “que no cause volatilidad en los mercados”, según el portavoz de la Casa Blanca.
Merkel sale airosa de dos días de cumbre en los que ha mostrado al mundo que, pese a los problemas originados por el escándalo de las escuchas, la amistad germano-americana se mantiene robusta. Y como prueba puede ofrecer las imágenes de camaradería que los dos líderes se han prodigado estos días en las idílicas montañas de Baviera.
Sobre la crisis griega, la canciller escenificó la semana pasada su papel de liderazgo al convocar en su despacho berlinés al presidente francés, François Hollande, y a los jefes de las tres instituciones acreedoras. Y este lunes, en el palacio de Elmau, volvió a marcar el ritmo. “No queda mucho tiempo. Cada día cuenta”, avisó.
Y, en efecto, el calendario se le echa encima a Tsipras. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, le reprochó el domingo que aún no haya enviado la contrapropuesta que los prestamistas europeos deben analizar para decidir si liberan unos fondos que Atenas necesita imperiosamente. (Agencias)