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Carro completo

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Estando como estamos en pleno vórtice del proceso electoral, la posibilidad de que el PRI obtenga carro completo en la entidad es algo que puede darse por sentado. Las circunstancias actuales sugieren que nuevamente impondrá sus condiciones, alzándose con el triunfo en todos y cada uno de los siete distritos de la entidad.

 

Para anotar eso no se requiere contar con una bola de cristal. Tampoco ser experto en otro tipo de prácticas adivinatorias. Incluso, para las personas que gustan de los datos duros y el método científico, no es imprescindible efectuar un ejercicio demoscópico que permita mayor grado de precisión en la construcción del escenario previsto.

Con la estructura creada, una maquinaria proselitista bien aceitada, con una oposición debilitada y/o confrontada con sus propios fantasmas, así como con el elevado nivel de desencanto entre la ciudadanía hidalguense; las y los candidatos priístas, una vez ungidos(as), cabalgan en caballo de hacienda. Otro escenario es tan poco probable que sería prácticamente un milagro divino o cosa del demonio, según la posición ideológica que se tenga.

Hay sin embargo otra disputa más que dirimir en eso de obtener la mayor cantidad posible de votos. Se trata de las candidaturas de representación proporcional. Apuesta principal de los partidos con menos arraigo o de reciente creación. La cual poco o nada se menciona en cada proceso electoral, engolosinados(as) como estamos con el espectáculo que suponen las campañas electorales.

Claro está que eso de espectáculo es un decir. Cada quien tendrá una valoración al respecto, así como la tiene de una función de cine, un partido de fútbol, una puesta en escena, un show circense o una corrida de toros. Pues las campañas electorales tienen algo de todos ellos, aunque algunas simplemente no prenden. Otras lo único que prenden son los focos rojos de los partidos o estructuras políticas involucradas por su poco alcance y profundidad en eso de convencer al electorado. Esto no obstante que el bombardeo mediático suele ser tan indiscriminado como inmisericorde. Incluso, con tantos dimes y diretes, hasta la llamada “guerra sucia” electoral ya perdió “natural” encanto.

Las listas plurinominales representan 40 por ciento de las curules en disputa. Es un pastel nada despreciable tanto en números relativos como absolutos. Se encuentran en ellas la crema de la crema de cada uno de los institutos políticos. Ni siquiera se despeinan, les conviene que haya abstención electoral, aunque en ciertos casos les apura eso del voto nulo. Creo que también habría que ponderar como están conformadas antes de emitir nuestro voto.

Por otro lado, el carro completo priísta implica que no es necesario reconsiderar otro tipo de escenarios. En la palestra sucesoria estarán quienes siempre han estado y párenle de contar. La disputa entre los grupos será con todo, pero en el marco de la consabida disciplina partidista. Espacio para espontáneos(as) simplemente no hay.