Aunque finja demencia, la clase política hidalguense se encuentra inmersa en una crisis de proporciones nunca antes vistas durante los años en que el partido tricolor ha gobernado el estado por el abandono masivo de una gran parte de sus diputados quienes, después de haber llegado a su curul aprovechando las oportunidades que les dio el sistema de poder, emprendieron el éxodo en masa hacia la organización más joven del espectro partidista, el partido MORENA, el cual pasó de un solo diputado a sumar siete; lo que en los hechos lo convierten en la segunda fuerza del Congreso local hidalguense, solo abajo del PRI.
No han faltado las voces que señalen hacia él nunca bien visto y siempre detestado Andrés Manuel López Obrador, candidato de MORENA a la presidencia de la República, acusándolo de ser el causante de esta sorpresiva maniobra que colocó a Hidalgo en las primeras planas de los diarios nacionales, aunque los locales hayan preferido magnificar el problema huachicolero, en el que nuestra entidad ha logrado obtener el primer lugar nacional para tratar de sofocar el incendio político a manguerazos de gasolina robada.
¿Son MORENA y su líder los culpables de que el viejo y deteriorado sistema político hidalguense haya sufrido tal embate, causándole un daño peor que un terremoto de 8 grados? Sí y no. Sí, porque ha sido la presencia de MORENA la causante de que el diseño pensado por el sistema político que pretendía reducir a dos las alternativas partidistas (una de derecha y otra de ultraderecha) no haya podido jamás hacerse realidad, porque si bien tanto el PRI como el PAN han logrado hasta ahora controlar la política nacional, lo han tenido que hacer mediante acuerdos cada vez más onerosos; pues sus “aliados” políticos han resultado tan astutos como ellos, haciéndoles pagar el precio de sus victorias electorales con trozos cada vez más grandes del pastel.
Pero el origen de este desastre no es de hoy, hemos de encontrarlo en el PACTO POR MÉXICO, que así se llamó el acuerdo de los partidos hasta entonces formalmente de derecha, izquierda y centro, significó en los hechos el retorno del poder presidencial; sólo que ahora con presentación multipartidista; un plan político mañoso pero inteligente que parecía garantizar la gobernabilidad al nuevo régimen y a la clase política en su conjunto.
Pero no contaban con que AMLO y MORENA como su instrumento político organizado ante la evidente claudicación del PRD ante el sistema político, convertiría su supuesta derrota en la única salida posible contra el pacto alcanzado por las cúpulas políticas para garantizar la gobernabilidad del país.
La iniciativa de AMLO atrajo de inmediato a una gran parte de ciudadanos independientes e integrantes de los partidos que habían cambiado su rumbo al unirse entusiastamente al proyecto peñista. En especial, fue el PRD quien pagó el precio de su traición perdiendo a gran parte de sus mejores cuadros políticos y una enorme cantidad de seguidores y simpatizantes en todo el país. Al PAN, aunque en menor medida, no le fue menos peor, al perder el poco orden interno que le quedaba del pasado para convertirse en un antro de ambiciones y enfrentamientos que lo llevaría al estado actual en que se encuentra.
Cierto es que la alianza de los panistas con los perredistas le permitieron a sus candidatos alcanzar buenas victorias electorales; pero la mediocridad de sus gobernantes, cuando no el auténtico descrédito (como el de Yunes en Veracruz y no pocos casos en nuestro estado), terminó con la poca credibilidad que le quedaba entre las clases medias que tradicionalmente le dieron su apoyo. Así, la suerte actual de ambos partidos es prueba fehaciente de que “a quien hace el mal se le pudre el tamal”, dicho de las abuelas que vuelve a demostrar su verdad eterna.
Es por eso que MORENA y AMLO sí tienen que ver en la suerte actual de esos partidos, porque tanto uno como otro se avocaron incansablemente a construir una alternativa política para combatir al lopezobradorismo, y que hoy demuestra su fracaso para conciliar a la clase política en un solo frente y bajo un solo mando. Por eso es que Hidalgo no ha sido la excepción, aunque quienes nos gobiernan y sus voceros traten de aparentar lo contrario, la desbandada en el Congreso local no es sino una demostración de que Hidalgo vive una crisis política sin precedentes.
Pero no puede achacársele a MORENA tal situación cuando fue el oportunismo inoculado a los partidos políticos con el Pacto por México ha sido el mismo instrumento por el que los diputados ahora en la oposición fueron atraídos a los partidos de los que ahora desertan. Al recibirlos en su movimiento, AMLO y MORENA solo han actuado en consecuencia con su objetivo inmediato: terminar con el viejo y caduco régimen que nos gobierna y que ya no funciona ni siquiera para sostener las alianzas políticas que le daban oxígeno, por lo que el arribo de los nuevos conversos contribuirá, sin lugar a dudas, a finiquitarlo más rápidamente.
Bueno, ese parece ser la explicación lógica, pero la Conciencia Ciudadana no queda completamente convencida de que el arribo de estos nuevos aliados deje de ser un “quítate tú para ponerme yo” y un “cambiar todo para que no cambie nada”, como usualmente a sucedido en nuestra historia y lo ha señalado el mismo López Obrador en numerosas ocasiones.
Éste es, sin embargo, un riesgo siempre permanente, que sólo una militancia y una conciencia ciudadana vigilantes y participativas pueden frenar o impedir aprovechando, por el contrario, los pleitos coyunturales que hoy dividen a la clase política, para poder abrirse paso hacia su posicionamiento como poder real de decisión.
Estar con AMLO y MORENA no significa tampoco una patente de corso para que quienes se les sumen intenten mantener cualquier poder mal habido; pues de hacerlo así hoy, tendrán que combatir en dos frentes: por un lado el que forman sus antiguos compañeros de armas (deseosos de cobrarles la afrenta) y, por otro, el de sus nuevos compañeros de MORENA y la ciudadanía que confía que ésta siga siendo el instrumento político para construir un poder ciudadano real, efectivo y poderoso frente a los grupos mafiosos de poder que todavía detentan el control de la sociedad mexicana.
Tampoco se trata de una lucha de buenos contra malos. En la política solo habla de lo que verdaderamente es cada quien su propia historia y las cuentas que se dan a la sociedad. Ni quienes llegan a integrarse a la lucha por cambiar al país son por definición los malos ni los que están son los buenos de la película. Cada uno ha de hacer su propia tarea y la conciencia ciudadana hidalguense tiene la suya propia: romper los círculos perversos de la desinformación, la ignorancia y la sumisión que impiden nuestro pleno desarrollo para lo cual su participación electoral es el paso inmediato, aunque no el último que ha de dar para su liberación.
Y RECUERDEN QUE VIVOS SE LOS LLEVARON Y VIVOS LOS QUEREMOS.
AL HUACHICOL NO SE LE VENCE CON BALAS, SINO BAJANDO EL PRECIO DE LA GASOLINA.