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Decepción frente a las urnas

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OPINIÓN

El proceso electoral para renovar la Cámara de los Diputados entró en la recta final. La campaña sólo logró entusiasmar donde concurrió con procesos locales, en los que se elegirán gobernadores. De esas contiendas pueden venir dos campanazos importantes, ausentes: Colima y San Luis Potosí, con Jorge Luis Preciado y Sonia Mendoza Díaz.

Entraron con desventaja que luego revirtieron en empates técnicos. Es altamente probable que el PAN refrende Sonora y Baja California Sur; está en la pelea en Querétaro, con el PRI, y en Michoacán, con el PRD.
En general ha estado desangelada la mayoría de las campañas distritales. Aunque el PAN tiene una disputa real muy pareja con el PRI por el primer lugar de la contienda y conseguirá sin duda más votos, la coalición marrullera que el partido oficial ha formado con el Verde pronostica que el gobierno se quede con la mayor bancada en San Lázaro. Con un rechazo mayoritario entre la población, en el más bajo nivel de confianza e imagen pública, es muy posible que Peña Nieto transite la segunda mitad de su sexenio sin la más mínima dificultad en el Congreso.
Pero en esta elección también hay fenómenos novedosos y omisiones significativas. Han irrumpido una veintena de candidatos independientes a diputados federales, 27 a diputados locales, 70 a alcaldes y jefes delegacionales, y tres a gobernador, pero sólo uno llama la atención y logra colarse en el grueso de las preferencias: El Bronco, de Nuevo León. De suyo, es digno de analizarse la evolución de este movimiento, como el primer coscorrón cierto al sistema de partidos, y mucho más, si resulta en descalabro. Si son confiables las encuestas y sondeos, Felipe Cantú, del PAN, y Jaime Rodríguez debieran llegar a un acuerdo para evitar que el PRI se quede otra vez con el gobierno estatal, con sólo 30% del electorado. Pero dada la cepa priísta del candidato independiente, el entendimiento debiera estar enfocado a un programa de reconstitución estatal y la definición de los perfiles de quienes deben hacerse cargo de cumplirlo. El fruto debiera ser: Un gobierno de coalición que trace un compromiso con las libertades políticas, abatir la desigualdad, formas eficaces de participación ciudadana en el ejercicio del poder, administración transparente, rendición de cuentas y un acuerdo expreso de combate a la impunidad.
La ausencia que grita en esta campaña es el silencio que todos los partidos han guardado frente a los casos de corrupción que involucran al Presidente de la República y a varios de sus principales colaboradores. Ni Andrés Manuel López Obrador se aventó en serio. Esa omisión de los diversos partidos, marca también el desdén y la decepción ciudadana frente a las urnas. A muy pocos vimos entrarle con ganas al verdadero tema, el despeñadero.