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UN INFIERNO BONITO

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EN EL PERSONAJE DEL BARRIO DE HOY:

“EL PELÓN”

“El Pelón” salió de la mina muy contento, lo mandaron traer de la superintendencia, y le dijo el ingeniero Carlos Madrazo:

  • Entre más viejo más pendejo, ayer no salio la barrenación y como no tapaste la maquinas, se dieron en la madre, y eso cuenta mucho dinero a la empresa, así que te vamos a castigar 10 días y nos vale madre que traigas a los del sindicato.
  • ¿Quién le dijo que no tapé las máquinas?
  • Tu madre.
  • Ella no trabaja aquí.

El ingeniero le aventó la ventana en la cara. “El Pelón” se dio la media vuelta, paso a cobrar y se acordó que tenía que llevar a vestir al Niño Dios. Entró a paso largo a su casa. En el camino se le atravesó su perro y le dio una patada, que lo elevó por los aires. Su señora, al escuchar el chillido del animal, salió a ver qué le pasaba y al enterarse que le había pegado, se enojó:

  • ¡Ora! ¿Por qué le pegas al perro?
  • Es que ya mero me besa, el cabrón. ¡Ah, chinga! ¿Por eso te encabronas? Luego, luego cuelgas la trompa.  Ven “Chilín”, ya ves cómo mueve el rabo, está contento.
  • Lo que me molesta es que lo trates mal. Desde chiquito me lo regaló mi jefa y cada que lo veo me acuerdo de ella.
  • Tienes mucha razón, el pinche perro se parece a tu jefa.
  • No te pases, güey, luego hablo de la tuya y respingas, como si te picaran la cola.

La señora se metió a la cocina. “El Pelón” fue tras ella y la tomó de la cintura y le dio un beso en el cuello. La señora se puso chinita y le dijo:

  • Estate quieto, pueden entrar los niños.

En esos momentos entró uno de sus hijos y le dijo:

  • Papá, dice mi padrino “El Cabezotas que si no sales un ratito.
  • Te salvo la campana, vieja. Al rato regreso.

“El Cabezotas” era su compadre y delegado de la mina, y le comentó:

  • Me enteré de que te castigaron en la mina. Me hubieras buscado para que al menos te bajaran el castigo.
  • Ya no tiene remedio compadre. Ya me chingaron. Alegar con los ingenieros es tiempo perdido. Pero que no te escuche mi vieja porque se zurra. Estoy buscando la forma de decírselo. Gracias, compadre.

“El Pelón” entró de nuevo a la cocina y abrazó a su vieja y le dijo:

  • A ver, en qué nos quedamos.
  • Estate serio, con una chingada. Ya no tardan en venir los muchachos de la escuela. Mejor siéntate, te voy a dar de comer.
  • Yo me quería aventar un taco, pero ándale, dame. Pero mejor habíamos de llevar a vestir al Niño Dios a vestir. Estamos a primero de febrero y lo tenemos que llevar el día dos. Por eso me pasé a cobrar, si no luego me gasto el dinero y después qué hacemos.
  • Tienes razón, vamos a llevarlo.

La señora Gloria, con mucho cuidado, sacó al niño que estaba envuelto en una pañoleta de seda; al dárselo en las manos, al “Pelón” se le cayó haciéndose pedazos.

  • ¡Cómo serás pendejo! Ahora con qué mamada le algo a mi comadrita. Chinga, parece que no puedes hacer las cosas con cuidado.

La señora Gloria se paseaba de un lado a otro, parecía leona enjaulada. Había puesto de nervioso a su viejo, que enojado, le dijo:

  • Ya, estate parada. Compramos otro niño igualito y se arregló el problema.
  • No es la comprada, si no que mi comadrita Mariquita, lo conoce muy bien. Dice que tiene 20 años con el niño, y hace milagros.
  • Le dices que lo dejaste en la mesa, comenzó a gatear y se cayó.
  • Ya cállate el hocico, y levanta la pata, estás pisando uno de sus bracitos. ¡Ahora qué hago. Dios mío, ayúdame! ¿Qué le vamos a decir?
  • Tú tienes la culpa. Tiemblas como pinche teporocha. No me lo diste bien.
  • Vamos a llevarlo con un restaurador, a ver si de chingadera queda.
  • Mi compadre “El Pato” es yesero, si quieres lo voy a llamar, que nos diga si tiene remedio.

Pusieron en la mesa todos los pedazos del Niño Dios, y otros se habían hecho polvo. La señora, con cara de preocupación, lloro. Eso comenzó a desesperar al “Pelón”, que le dijo:

  • Te digo que compremos otro igual, no seas pinche vieja necia.
  • Lo que pasa es que no me lo va a aceptar, cabrón. Ya la conoces. Estoy segura que hasta me puede dar en la madre. ¿Qué le diré?
  • Mira, vieja, yo también estoy preocupado. Fíjate que en mi trabajo…
  • ¡Qué me importa tu trabajo! Ayúdame a resolver este problema. Ve a traer a mi compadre. Ojala y Dios quiera, que el niño quede bien.

“El Pelón” se puso su chamarra y salió a paso veloz, a buscar a su compadre el yesero. Lo buscó en la cantina “Hermosa Mila”, en el “Reloj de Arena”, en “El Campeón” y lo fue a buscar a su casa; ahí lo encontró, pero estaba hasta la madre de pedo. Cuando tocó, no le quería abrir, y le gritó:

  • Compadrito, traigo un pomo, ábreme.

Al escucharlo, se abrió la puerta. Estaba con los ojos de sapo, de tanto dormir.

  • ¿Qué pasó compadre? Ni me desconozcas.
  • ¿El pomo?
  • Ahorita te lo compro, pero quiero que me ayudes con un bizne. Fíjate que mi vieja tiro al niñito Dios y se hizo pedazos. Tú que eres un buen maestro yesero, quiero que me lo arregles. Te pagó lo que me pidas, pero lo quiero igualito como estaba.
  • Hijote compadrito, me agarras en un momento crítico. Ayer le di de madrazos a mi vieja y se fue de la casa, por eso ando chupando, por la ingrata. Y le voy a seguir hasta que regrese la condenada.
  • No compadre, debes de ir hoy, porque mañana temprano, es día de la Candelaria. Lo tenemos que llevar a vestir a la iglesia, a que lo bendigan, luego a entregarlo. Mañana será tarde. Te voy a comprar unos Alka Seltzer, para que se te baje la peda y vamos a mi casa.

“El Pelón” fue comprar lo que le prometió y regresó con “El Pato”.

  • Órale, compadrito, tómatelos y veámonos. Me cae que si me arreglas al chavito Dios, te compro un pomo de las caros, para que sigas chupando.

Llegaron a la casa del “Pelón”. Saludó a su comadre Gloria y lo pasaron donde estaba el niño quebrado. Al mirarlo abrió los ojos:

  • Va a estar medio cabrón arreglarlo. Este no es un Niño Dios, es un rompecabezas; pero hay que hacerle la lucha.

La señora Gloria levantó la cara al cielo, se persignó y dijo con voz de agradecimiento:

  • Muchas gracias, compadrito, que Dios lo llene de bendiciones por lo que va a hacer. Voy afuera de la iglesia de la Asunción para comprarle ropita y esté listo para mañana a la primera misa, que lo bendigan y lo llevamos a entregar con mi comadrita. Usted será mi invitado de honor, para que comamos molito de guajolote.
  • Váyase tranquila, comadre, el trabajo difícil lo hago en unos momentos y el imposible me tardo un poco, pero queda. He tenido diplomas, de colocar plafones en edificios de primera. Para esto necesito un pincel, pintura de color carne, yeso con cola para hacer plaste, y una chela bien muerta, porque tengo un chingo de sed.
  • No me tardo, compadre, voy a comprar lo que me pediste.
  • Me traes un cartón de cebadas, porque este trabajo es muy laborioso, además, compadrito, tengo que echarle mucho cacumen. Esto amerita que de una vez te traigas el pomo, para que no andes dando vueltas.

“El Pelón” salió corriendo de su casa, fue a la tlapalería, luego pasó a la cantina, se aventó las de ordenanza con los cuates, y llego donde estaba “El Pato”:

  • No te duermas, compadrito, ya vine. Te compré lo que necesitas.
  • Primero destapa las chelas para inspirarme.

Dijeron varias veces salud, se terminaron el cartón de cervezas, y abrieron el pomo. Entre la borrachera que tenían, “El Pato” comenzó a hacer su trabajo pegando las piernitas, los bracitos, los dedos de las manos, parte del cuello que estaba despegado, hasta que lo dejó encima de la mesa, terminado.

  • ¿Cómo la ves, compadre?
  • A toda madre, cuando llegue mi vieja hasta va a brincar de gusto. Eres un artista.

Siguieron tomando hasta que llegó la señora Gloria. Muy contenta le enseñó a su viejo unos trajecitos.

  • Mira, viejo, le compré un trajecito de San Juditas Tadeo, porque él arregla las cosas difíciles. ¿Dónde está el niño?
  • Por aquí, comadrita, destápelo, le puse una franela para que usted fuera la primera que lo viera.

La señora destapo al niño, abrió los ojos grandes, abrió la boca tapándose con la mano, sintió que las piernas se le doblaron, y exclamó a punto de llorar:

  • ¡Pero qué hicieron, hijos de su pinche madre? Lo acabaron de amolar, le pegaron la cabeza al revés, lo mismo que las piernas y una mano. Borrachos desgraciados, lárguense antes de que me desquite con ustedes. No tienen madre.

“El Pato” quiso darle una explicación a su comadre, pero la señora, que estaba furiosa, le avantó el tejolote, que le pegó en el hocico. Agarró al Niño Dios y se lo aventó en la cabeza al “Pelón”, y con palo los sacó de su casa.

Se quedó sentada por horas. Al día siguiente le contó a su comadre lo que le había pasado. La vieja le mentó la madre. Le dijo que nunca se le pusiera enfrente porque le iba a pasar lo que al niño. “El Pelón” se quedó sin vieja, pues la señora no lo dejó entrar. Lo corrió definitivamente de su casa.