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UN INFIERNO BONITO

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EL DÍA DE LOS MUERTOS

Muchos dicen que los muertos no regresan, otros aseguran que los días 1 y 2 de noviembre los muertos están con nosotros. ¿Pero qué pasa con los muertos?

Esto que van a leer sucedió a principios del siglo pasado, cuando no había veredas, solamente un camino real que conducía al poblado del Chico Hidalgo.

Juan Ramos había tenido que sortear muchos obstáculos para llegar a Pachuca, después de regresar del norte y llegar a su tierra natal El Chico, que se encuentra en el mero corazón del monte.

El Cansancio lo venció a la salida de Pachuca y al quedarse dormido tuvo un sueño siniestro, donde manos insepultas brotaban de la tierra para detenerlo

  • ¡Ven, Ven, Ven!
  • ¡Noo! Suéltenme ¿Qué es lo que quieren de mí?

Juan despertó bañado en sudor, se levantó rápido mirando para todos lados.

  • ¡Uff, solo era un sueño! Tengo los nervios destrozados.

Juan se metió a bañar al río para despejar su mente y después…

  • Creo que estoy perdido hace horas que pase por Pachuca, y no veo mi pueblo. ¡Ay dios! Y ese sueño que tuve me lleno de terror. Pero no importa llegare aunque el diablo se oponga.

Juan Ramos, se había ido a la Unión Americana, y después de 15 años regresaba a buscar a su madre.

  • Mi viejita linda la deje solita, abandonada, pobrecita.

De momento escucho un trote de caballos y el rodar de una carreta, grande que subía penosamente por las montañas pasando por unos desfiladeros.

  • Bendito sea Dios, por fin veo algo.

Juan, se paró en medio del camino abriendo los brazos agitando las manos.

  • ¡Alto, por favor!

La carretera paro y por la parte de arriba agarrando las riendas de los caballos vio un rostro amarillento y flaco, como salido de una tumba, Juan sintió miedo y más cuando escucho una voz hueca que le dijo.

  • ¿Qué anda haciendo por estos lugares amigo, es muy peligroso?

La mujer que lo acompañaba era flaca y huesuda igual que la muerte.

  • Estoy perdido busco el camino que va al pueblo del Chico, me pude orientar.
  • Ja, ja, ja, ¿El Chico? Por aquí no hay ningún poblado que se llame así. ¿Verdad ama?

Al voltear la mujer se dejó ver el rostro era un calavera.

  • Que yo sepa no hijo.
  • ¡No puede ser! hace 15 años me fui de aquí, pero no pudo cambiar tanto, como si hubiera desaparecido el pueblo.

El Cochero soltó una carcajada, que lo llenó de terror.

  • Ja, ja, ja, ja.
  • ¿Dónde me lleva este camino?
  • ¡A ninguna parte!
  • Juan al escuchar su voz de ultratumba, sentía que se le erizaban los cabellos.
  • No esté bromeando mi pueblo tiene que estar por estos lugares atrás de cualquier cerro.
  • A que mi amigo le digo que no hay ningún pueblo, y menos que se llame como usted dice. Si quiere súbase a la carreta más adelante hay una ranchería a lo mejor le informan.

Cada vez Juan estaba desconcertado y se subió a la carreta, donde viajaba un nutrido grupo de campesinos y los saludo.

  • Buenos días o tardes.

Ninguno le contesto todos los miraban con rostros serios y amarillentos, de palidez de difunto Juan Ramos les volvió a decir.

  • ¡Buenos días les dije! O ¿Qué son tardes? porque no traigo reloj.

Una mujer le contestó

  • Tampoco tenemos reloj, para nosotros siempre es la misma hora.

Había algo extraño en aquellas gentes, aunque no atinaba a descubrir que era.

  • Disculpen una pregunta ¿Por qué vienen todos de luto?
  • Porque hoy es día de los muertos ¿A poco no lo sabe?
  • ¿Día de los muertos? Ah si se me había olvidado, pero yo la conozco a usted y a usted son vecinos de mi mamá ¿No me recuerdan?
  • La mera verdad no joven pero vamos a presentarnos.

Juan sintió la mano helada y huesuda al saludar, cerró los ojos y dijo en silencio.

  • ¡Dios mío! ¿A dónde estoy?

La carreta al dar un brinco se le cayó una lona dejando al descubierto varias cajas de madera. Los ojos de Juan se desorbitaron de horror.

  • ¡Ya se dieron cuenta! En la carreta traemos dinamita.
  • Es dinamita para las minas.
  • ¡No fume! apague su cigarro.

Todos soltaron la carcajada.

  • No se apure señor nadie muere dos veces. Si volamos en cachitos ya estaría de Dios, Ja, ja, ja.

Tratando de calmarse, Juan Ramos les dio la espalda y se entretuvo mirando el camino, de pronto escucho un chiflido escalofriante que le helo la sangre.

  • ¡Ahora, que están haciendo!
  • Venimos a dejarle flores a nuestros muertitos y quemarle sus cohetes, no se espante.
  • ¡Yo aquí me bajo!

Sin pensarlo Juan saltó de la carreta y después escuchó una explosión que cimbró a todo el cerro.

  • ¡Dios mío, se los dije!

Siguió cruzando montes y cañadas camino sin rumbo fijo, por varias horas ya era de noche, la tormenta se desató con violencia, se metió a un cueva, el sueño lo venció, poco después pasó un campesino y le despertó.

  • ¡Señor, señor, despierte! Está ardiendo en calentura oigan como le castañean los dientes, déjeme ayudarle a levantarse

Juan le echó la mano al cuello y le dijo temeroso.

  • En la mañana me tope con una carreta llena de animas y me asustaron.
  • Vienen a ver a sus dolientes a buscar a los vivos, es primero de noviembre día de los muertos.
  • Ja, ja, ja, Trataron de confundirme de que no había un pueblo llamado El Chico.

Juan se dio cuenta que caminaba solo con el brazo levantado y lleno de terror corrió al ver que el hombre había desaparecido. Corrió como loco cayéndose y levantándose hasta que encontró una choza de un pastor y se metió.

  • ¡Por favor ayúdeme!
  • Pásele buen hombre y descanse.

El jacal tenía un solo cuarto estaba a oscuras y entre la penumbra vio bultos de personas que dormían en un petate.

  • Teodoro, Faustino, Andrés, Germán arrímense háganle un campito a un Cristiano que necesita calor.
  • Si Tata.
  • Descanse amigo, mis hijos han estado un poco enfermitos y tienen el sueño pesado. ¿Quiere que le prenda una antorcha?
  • Muchas gracias señor me iré cuando amanezca.

Juan se acostó en medio de ellos, se dormía a ratos dormitaba. Los hijos del pastor lo abrazaron buscando el calor humano, Juan dijo en voz baja.

  • Que hermoso tener una familia.

Las yemas de los dedos de Juan sintieron algo espeluznante.

  • ¿Qué será esto?

Preso de temor busco un cerillo y prendió un mechón que se encontraba cerca y dio un grito de terror levantándose horrorizado.

  • ¡Ayyyy!
  • ¿Qué es lo que tienen sus hijos?
  • Tienen viruela negra, no le dije que estaban enfermitos.

Salió corriendo sin descanso en toda su vida no había corrido tanto. Rezo con todo el corazón pidiéndole a Dios, que lo ayudara a salir de la pesadilla, que estaba viviendo. Cuando estaba amaneciendo miró sonriendo al cerro.

  • Esa loma yo la conozco, es la que me lleva al pueblo, benditos sea Dios.

Llegó a la cima, se hinco y beso a la tierra a lo lejos vio su pueblo.

  • Gracias Dios mío, por haberme traído a mi hogar.

Juan Ramos, sabía que para llegar al pueblo más rápido, tenía que cruzar el cementerio, y cuando caminaba a medio panteón, escucho una voz, hueca a sus espaldas, que lo hizo brincar.

  • Juan, Juan,

Volteo muy despacio latiéndole muy fuerte el corazón.

  • Azucena ¿Eres tu?
  • Porque tardaste tanto mi amor ye he estado esperando durante mucho tiempo.

Un escalofrío le recorrió el cuerpo cuando la mujer lo abrazo.

  • Bésame Juan como lo hacías siempre, aquí en esta tumba dime que me quieres.

Azucena se recostó sobre la tumba abriendo los brazos, Juan se acercó y cuando la iba a besar, ella desapareció cayendo de cara en la tumba y lo hizo estremecer al leer la placa que estaba en su cabecera “Aquí yace María Ramos”

  • No puede ser, mi madre está enterrada aquí no puede ser.

Muy triste sin saber que hacer, lloro por mucho tiempo era casi medio día y entró al pueblo para ver que es lo que pasaba.

  • Que extraño, no hay nadie en las calles.

Al pasar por el camino rumbo a su casa vio a una anciana, ella lo espero y dijo.

  • ¡Ave María Purísima! ¿Qué andas haciendo por estos lugares?
  • Soy yo madrina Juan su ahijado ¿No se acuerda de mi?
  • Para que regresaste, mi comadrita se fue hace mucho tiempo se murió de tristeza esperándote.
  • ¡Cállese madrina! No me atormente más ¿Por qué no hay gente en el pueblo?
  • Están todos en la iglesia es la hora de rezar porque tienen que regresar de donde vinieron.
  • Me voy madrina a la casa donde vivíamos, al ratito vengo a verla.
  • Yo te recomiendo que no vayas.

Con lágrimas Juan llego muy triste a la casa de su madre, que estaba a punto de derrumbarse, se sentó en un banco y lloró amargamente.

De pronto una voz lo hizo reaccionar.

  • ¡Juan, hijo mío!
  • Mama, madrecita linda, ja, ja, ja. Mi madrina me engañó diciéndome que usted ya había muerto, ja, ja, ja, Ah que mi madrina me dio un buen susto, ja, ja, ja.
  • Hijo de mi vida me da mucho gusto verte, pero es mejor que te vaya, tienes que regresarte a donde estabas.
  • ¡Madre! Por favor perdóneme, nunca pude escribirle, pero vengo a quedarme con usted, jamás nos separaremos.
  • Perdóname tú a mi hijo, yo no tengo que perdonarte.
  • Como no madre, el haberte abandonado.
  • Tu no me pediste que te trajera al mundo, nada me debes, así es la vida los hijos cuando crecen se van, seca tus lágrimas y quédate en paz.

Ante los ojos de Juan su madre se fue desvaneciendo, escuchando su voz.

  • Vete hijo regresa de donde viniste todavía es tiempo.
  • No te vayas mamá dime que me perdonas. No te vayas.

Juan se dirigió a la iglesia y al entrar había mucha gente rezando, otros más llegaban y había filas  en el confesionario. Los pasos de Juan resonaban en la duela y la gente que estaba en la iglesia volteaba a verlo y al reconocerlo murmuraban entre ellos.

  • Es Juan Ramos el hijo de María.
  • ¿A qué vendrá?
  • Quien sabe a que, pero se irá con nosotros.

Juan se formó a esperar su turno para confesarse y quedó asombrado como se había llenado la iglesia. No les quitaba la vista y a pesar de que estaba en la iglesia sentía mucho miedo. Espero pacientemente su turno y cuando le tocó se puso de rodillas en el confesionario el cura le dijo.

  • Ave María Purísima.
  • Sin pecado concebida.
  • Dime tus pecados hijo.

Juan se lo quedó mirando fijamente sin quitarle la vista al sacerdote y le dijo muy serio.

  • Antes de confesarme padre, quiero que me explique lo que está pasando en el pueblo.
  • ¿Quién eres tú?
  • Soy Juan Ramos el Hijo de María, pase 15 años en el norte y ahora que regreso me encuentro con un pueblo raro, nada parece real.
  • Así que estuviste mucho tiempo en el norte.
  • Si.
  • Entonces no sabes nada de la inundación.
  • ¿Inundación? ¿Cuál inundación?
  • Hace 10 años cayó una fuerte tormenta que duró más de 24 horas, se llevo muchos árboles, tapando las calles, cuando estábamos durmiendo se desbordó el río y todo desapareció.
  • Quiere decir que…
  • Que el pueblo no existe todos estamos muertos.

El padre se bajo la capucha dejando ver su rostro cadavérico.

  • No lo puedo creer.

Juan se levantó violentamente lleno de terror. El sacerdote se acercó a el y le dijo.

  • Ayer primero de noviembre venimos por ser el día de los muertos a recibir la ofrenda, pero hoy regresamos y vas a irte con nosotros.

Juan vio que todos se le acercaban y comenzaron a rodearlo eran esqueletos y le estiraban los brazos, y lo llamaban con los dedos.

  • Ven Juan acompáñanos.

Juan llegó al límite de sus resistencia y cayó muerto, de pronto vio la careta que se detuvo junto a el, y su madre le dijo.

  • Súbete hijo, te tengo apartado un lugar para que viajemos juntos, regresaremos el próximo año y no nos separaremos.