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La caída del PRD

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Miles de ciudadanos hemos renunciado al PRD en los últimos años. Se trata de una cascada interminable. De hecho, todos los ex jefes de Gobierno del DF ya no están en ese partido. Sólo el actual titular simpatiza con éste, pero le avergüenza afiliarse al mismo.

La mitad de quienes han presidido dicho partido también terminaron abandonándolo. La salida de los intelectuales ha sido prácticamente una estampida: Paco Ignacio Taibo, Héctor Díaz Polanco, Enrique Semo, Julio Boltvinik, Armando Bartra, Fabrizio Mejía, Ignacio Marván, Laura Esquivel, Francisco Pérez Arce, Gabriela Rodríguez, Pedro Moctezuma, Antonio Gershenson, Mario Zepeda, Luciano Concheiro, Carlos Payán y Arnaldo Córdova, que en paz descanse, entre otros.
La caída del PRD en su principal bastión, la ciudad de México, es abismal. Ya lleva 35 puntos menos que en la elección de 2012. ¿Qué ha originado esta debacle? La decisión de irse al Pacto por México con Enrique Peña Nieto y la corrupción de sus dirigentes.
Sus diputados le dieron la espalda a los maestros y aprobaron la reforma educativa; aprobaron los gasolinazos, el alza de impuestos a pequeños empresarios y al pueblo en general con gravámenes en alimentos como cereales, carnes frías; aprobaron el saqueo de los fondos de vivienda de los trabajadores del Infonavit para entregárselos a las Afores; la legalización de la venta de franjas fronterizas y playas a extranjeros y la reelección consecutiva de legisladores y alcaldes, que pueden estar así 12 años seguidos en el cargo.
A cambio, el PRD presumió “logros” como la reforma en telecomunicaciones, de la que dijeron era como “la segunda caída del Muro de Berlín”, y derivó, sin embargo, en que Televisa sea dominante en TV de paga, una cadena televisiva para los Vázquez Raña y el despido de Carmen Aristegui de MVS. También dijeron que habría una Ley de Consulta Popular para llevar el tema energético a referéndum, pero nunca hubo tal ejercicio. Todos los “logros” fueron un engaño.
Con Peña Nieto tenemos al gobierno más vende patria y corrupto desde el porfiriato. Precisamente con ese gobierno, el PRD decidió hacer una alianza estratégica. Por si hubiera duda, cuando al ex coordinador de los diputados del PRD, Silvano Aureoles, le preguntaron sobre la llamada “Casa Blanca” de Peña Nieto, contestó que era un asunto del Presidente y su esposa. La alianza del PRD con el gobierno, el PRI y el PAN contribuyó en gran medida a la percepción de que “todos son iguales” y a que el PRI pudiera trasladar una parte del costo de su fracaso a las demás fuerzas políticas.
Su nueva postura política lo ha llevado a la descomposición y al cinismo. En el D personajes como Mauricio Toledo, Víctor Hugo Lobo, Dione Anguiano, Leticia Quezada y otros usan golpeadores, utilizan discrecionalmente el presupuesto público, piden moches a cambio de permisos o dejan crecer el narcomenudeo. Pretenden transmitirse los gobiernos delegacionales entre familiares. En Iztacalco la delegada Elizabeth Mateos busca dejar en el gobierno a su marido; en Tláhuac el ex delegado Gilberto Ensástiga promueve a su cónyuge para el mismo cargo; en Gustavo A. Madero Víctor Hugo Lobo dejó el gobierno a su esposa y ésta quiere hoy regresárselo; en Venustiano Carranza el ex delegado Julio César Moreno trabaja para que su hermano sea delegado, por poner ejemplos.
Plataformas e ideas han sido sustituidas por la compra del voto. El PRD ofrece tenis en Xochimilco, zapatos en Álvaro Obregón, tinacos en Tlalpan, despensas en Cuauhtémoc, pintura en Gustavo A. Madero, dinero en Coyoacán, electrodomésticos en Iztapalapa. Y amenaza con sacar de los programas a quienes no les den el voto.
La sociedad mexicana necesita contar con un partido que se oponga al equivocado rumbo del gobierno. El PRD ya no lo es. Eso explica su caída. Eso explica también la existencia de Morena.