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ALFIL NEGRO

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“HIJA, HIJA ¿ME ESCUCHAS?… PEGA TRES VECES… CHIQUITA, ¿ME ESCUCHAS?…’’

Era el grito angustioso de uno de los rescatistas y de uno de los padres, de una niña sepultada entre los escombros del colegio Enrique Rébsamen, en la ciudad de México, donde se conoce que murieron más de 20 niños y 4 adultos, después de que se derrumbó parte de la estructura de la escuela, pero que pese a lo enorme de la tragedia, los scanners lograron detectar niños con vida, que motivaron el trabajo esperanzador de los rescatistas y la fe de los padres en estos trabajos.

No siempre hubo tiempo de espera con esperanza, porque en muchos casos los rescatistas lo que encontraron fueron personas muertas y entonces el júbilo que hubo cuando rescataron a personas con vida, se cambiaron por llanto de fracaso ante lo inevitable como es encontrarse con la muerte.

Lo que sigue llamando la atención y estremece el corazón, es la gran solidaridad de los ciudadanos, lo mismo en los lugares donde hay problemas para ayudar, que en los centros de acopio donde han llegado con lo que se ha solicitado de apoyo.

Y en este gesto de solidaridad, lo fuerte es que se da en todas las edades, lo mismo en niños que en jóvenes y adultos, que acuden generosos a brindar su apoyo a quien lo necesita en estos momentos difíciles.

Y en este escenario de problema, los hechos de esperanza, que en muchos casos en contra de toda lógica, la esperanza de los padres, de las familias se aferra a la fe de que sus hijos y familias saldrán con vida de entre los escombros.

Como una jovencita, que con un megáfono de mano le gritaba a su hermano que estaba entre los escombros y le decía que tuviera fe, que su mujer, sus hijos y ella lo esperaban, seguros de que saldría con vida, pero que no perdiera la esperanza, que Dios les concedería el milagro de estar nuevamente juntos.

Y mire usted, en este sismo se debe reconocer la reacción atinada del gobierno, que supo ponerse al frente del problema, con un sistema bien definido que habla bien de México en cuanto a prevención primero y después a medida de reacción.

Se puede, como de hecho se hace, tupirle y duro a la administración gubernamental, pero en esta ocasión vale la pena reconocer que a diferencia de 1985, la reacción fue buena.

Pero quién se lleva las palmas sin ninguna duda es el pueblo, la gente, los ciudadanos, que supieron poner el alma de la solidaridad como respuesta fundamental en apoyo de sus semejantes, sin más pago que la alegría de hacer el bien, con la lección bien aprendida en 1985, cuando el pueblo de México dio una gran lección de buen samaritano con sus semejantes.

EN HIDALGO…

Ejemplar la forma de actuar de la gente de Hidalgo.

Con el gobernador al frente, en su responsabilidad del estado, han dado una hermosa respuesta con su generosidad, tanto con sus ganas de ir al lugar de la tragedia, como en sus donativos en los centros de acopio que se han multiplicado como nunca, en un gesto que conmueve tanto.

LA FE…

Es en estos casos tan difíciles donde nuestro pueblo, al trabajo fuerte de las manos y del sudor del trabajo, se suma el renglón de la fe en Dios y en la Morenita del Tepeyac.

En las labores de rescate que se llevan a cabo en el colegio Rébsamen, a un lado del boquete por donde entraron y salieron los topos por la niña y niños, a los que buscaron por horas y horas, estaba la imagen de una Guadalupana con un ramito de flores blancas en un vaso azul, como ofrenda de esperanzas de quienes trabajaron en estas labores de rescate.

Sobra decir que era una acción de fe, de esperanza en la Reina de México, en quien dijo en el Tepeyac: ‘’¿No estoy aquí yo, que soy tu madre?’’

Y mire, sobra decir que nos pareció escuchar de los labios de todos los presentes en el lugar de la tragedia: ‘’Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es Contigo…”.