- Un brusco y metódico australiano dirige la campaña electoral de los conservadores
Si uno imagina a los candidatos del partido conservador británico como jugadores de fútbol, hoy en pleno combate electoral, Lynton Crosby es su entrenador, el hombre que no entra en el campo pero grita órdenes desde la línea de juego, toma las decisiones tácticas, mantiene la unidad del equipo.
La metáfora no es una exageración. Australiano de nacimiento pero radicado en Londres, Crosby no puede votar en las elecciones generales de mañana pero, con la posible excepción del capitán conservador, el primer ministro, David Cameron, es la figura que más influye en la batalla del partido para seguir en el poder cinco años más. Contratado en 2012 (un millón de libras, estima la prensa) por los conservadores como director de la campaña electoral, terreno en el que tiene un destacado currículum internacional, Crosby es tan respetado como temido por los candidatos tories. Le llaman “el Mago de Oz” (“oz” es como los australianos suelen referirse a su país por cómo se pronuncia la primera sílaba de Australia en inglés); le llaman “Rasputín”, “rottweiler”, “the Crosbinator”, “el genio malvado”, “la eminencia gris”. Metódico y muy trabajador, está al mando de un equipo que gestiona sondeos permanentes del estado de ánimo del electorado y monitorea con lupa las campañas de los más de 600 candidatos conservadores distribuidos por el país. Pocos se animan a desafiar sus detalladas instrucciones respecto del mensaje que deben comunicar. Si se entera de que algunos han desobedecido les manda un mensaje de texto de dos palabras: “Not helpful” —“no ayuda”—, que es su manera de advertirles de que, si siguen así, él mismo se encargará de ir a darles una paliza. (Agencias)