TEMPORAL
En principio, las demostraciones de fuerza tienen como común denominador disuadir al oponente. “La mejor victoria es vencer sin combatir”, nos dice Sun Tzu, “y ésa es la distinción entre el hombre prudente y el ignorante”. Los combates, sin embargo, no son inevitables. Entonces la estrategia cambia, siempre y cuando las demostraciones de fuerza no escondan francos síntomas de debilidad –patadas de ahogado, como se dice coloquialmente-.
En ese plano se inscriben, en mi opinión, los hechos catalogados como inéditos ocurridos en Jalisco el pasado 1 de mayo. Se trata de acciones de combate coordinadas, en contra de fuerzas del ejército y policíacas, que dan cuenta de la capacidad de organización y respuesta armada vinculada al narcotráfico.
Destaca el reconocimiento oficial del descenso de emergencia de un helicóptero Cougar modelo EC725, alcanzado por disparos de arma de fuego; con un saldo de tres muertos y más de una decena de heridos. Este tipo de helicópteros superan velocidades de 250 kilómetros por hora y cuentan con una armadura blindada que los protege de los disparos de cualquier fusil de asalto. Por ende, para obligar su descenso fue indispensable contar con armamento especial y personal altamente capacitado en su manejo.
Otro aspecto importante es que los frentes de combate son tan complicados como diversos. Además de Jalisco, entidades como Guerrero, Michoacán y Tamaulipas han estado en la palestra por motivos similares prácticamente en lo que va de la actual administración federal. Con los eventos más recientes el escenario de la seguridad pública en nuestro país sólo se complica. Amén de otros efectos adversos de la situación que se vive.
Es importante no perder de vista que se trata de un negocio altamente productivo, lo que les permite contar con pequeños ejércitos con la capacidad de fuego necesaria para controlar no pocos territorios a lo largo del territorio nacional. Aspecto que, a querer o no, nos remite a la noción de un estado fallido. Noción que sin duda es la piedra en el zapato de los gobiernos más recientes.
Porque de eso se trata finalmente el asunto. De la incapacidad del estado mexicano para procurar seguridad pública y dar certidumbre a las actividades cotidianas de los habitantes del país. Aún cuando la mayoría de los grupos involucrados no tienen entre sus objetivos a la que podemos llamar “población civil”, fueron incendiados lo mismo bancos que autos particulares y vehículos de transporte público
Los eventos, por otro lado, resultan perfectos distractores de otros temas relevantes para el interés público. Presumir que se trata de una finalidad no aparente es quizá pecar de mal pensado, pero siempre es pertinente abordar la posibilidad.
Vienen las elecciones intermedias y hay demasiados intereses en juego. Por supuesto, la pirotecnia siempre es un instrumento útil para llamar la atención. Siguiendo con las ideas de Sun Tzu: “el arte de la guerra, es el arte del engaño”.