- Se reúnen con sus patrones para convivir
Entre arena, cal, varillas, alambres, vigas y bultos de cemento, ayer los trabajadores de la construcción festejaron este 3 de mayo, fecha en que se celebra el Día de la Santa Cruz, una arraigada tradición en distintas partes del país, y aunque generalmente suele ligarse con el gremio de la construcción, pocos saben que esta creencia se heredó desde la época prehispánica, no sin antes haber sido modificada por los evangelizadores españoles después de la Conquista.
Por lo que los maestros de la cuchara celebran vistiendo sus mejores galas y realizando una celebración a la que se invitan familiares y amigos de los albañiles donde el padrino es el propietario de la edificación o en su defecto, lo son los ingenieros o residentes de la obra; así fue como festejaron con misas, bailes y la colocación de la tradicional cruz de madera en las obras de construcción.
Así lo narró Celerino López, quien ya lleva 14 años en este oficio, y explico que este día prácticamente todos los trabajadores de este sector realizan el mismo ritual para agradecer por el trabajo, por el dinero y por la salud.
“Pues primero que nada le damos gracias principalmente a nuestro creador a Dios por la vida y también que tenga más trabajo. Antes de ir a la iglesia preparo mi cruz desde un día antes, la adorno y me voy a la iglesia para que me las bendiga el padre, posteriormente voy a dejarla en la construcción que estoy trabajando y ya luego mis compañeros de trabajo nos reunimos con nuestros patrones para compartir el pan y la sal, comienza la fiesta”, expresó.
Detalló que dentro del menú de esta gran tradición antigua no pueden faltar algunos de los platillos mexicanos más tradicionales y populares entre este gremio: la barbacoa, los tacos placeros, chicharrón en salsa verde, las carnitas de puerco, los tamales, la carne asada y sin faltar los tradicionales frijoles al albañil -frijoles con chorizo-, chile y por supuesto, montones tras montones de tortillas calientes y salsa picante, sin faltar los litros de rico pulque y cerveza.
Cabe destacar que lamentablemente este oficio pasa desapercibido para la sociedad, pero sus obras ahí están, desde una casa hasta grandes construcciones espectaculares. La gran mayoría de estos hombres no cuentan con una vida llena de lujos, sin embargo, lo poco que logran conseguir lo disfrutan.
Celerino comentó: “A veces por nuestra apariencia externa o por que le chiflamos a una mujer bonita cuando pasa, piensan que ya por esos somos muy nacos y corrientes por que andamos mugrosos y mal olientes, pero gracias a nuestro sudor muchos hemos logrado tener un lugar para que la gente busque nuestros servicios”, dijo.
Finalmente reconoció que hay temporadas en las que el trabajo escasea y a pesar de todo tienen que hacer el sacrificio para sacar adelante la familia, aunque admiten que hay temporadas donde les va muy bien y pueden llegar a juntar el “guardadito”, concluyó.
De acuerdo a las estadísticas de Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), nueve de cada 10 albañiles no tienen acceso a instituciones de salud como prestación laboral.
A todos esos hombres que no miden peligros ni alturas, felicidades y gracias por darle vida a nuestra ciudad, a pesar de largas jornadas de trabajo bajo condiciones adversas, como son temperaturas a más de 45 grados bajo un sol intenso, pero aún así la gran mayoría de las familias se sienten orgullosas del albañil, esa es su mayor recompensa.