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“Quieren dormir al velador”

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RELATOS DE VIDA

Estaban casi listos para irse a la fiesta anunciada por sus padres, quienes ya los esperaban dentro del carro, ultimaron detalles de su imagen, tomaron billeteras y bolsa, y subieron al automóvil para emprender camino.
Después de unas horas de convivencia, principalmente de ingerir los alimentos ofrecidos por los anfitriones, recibieron la instrucción de su padre de ir al rancho para alimentar el ganado, sin vacilaciones tomaron las llaves del automóvil y se dirigieron al lugar ordenado.
Estaban a punto de llegar, sólo faltaban unos metros de terracería, propusieron intentar algunas maniobras de destreza, los llamados trompos, el hermano mayor, quien era el que conducía el automotor, detuvo la marcha para planear la hazaña.
Con el consenso de todos los ocupantes, comenzó a acelerar el motor y a la cuenta de tres soltó el freno y pisó hasta el fondo, al llegar a la curva, y con ayuda del copiloto, levantó el freno de mano y giró hacia la izquierda.
Los primeros segundos indicaban que todo había salido bien, cuando el pequeño carro se volteó y recostó sobre el lado del piloto; las primeras reacciones estaban combinadas de alegría por el triunfo y asombro por la posición en la que se encontraban, y después vino la cruda realidad de explicar al padre lo sucedido.
Sin esperar más tiempo, salieron por la ventana, acomodaron el automóvil y revisaron las averías, un pequeño golpe en la llanta y  un hundimiento en la puerta; antes de dar opciones se apuraron a completar la orden del jefe de la casa, y subieron nuevamente para iniciar el trayecto de regreso en tanto pensaban la explicación.
La solución ganadora, fue crear una historia en donde a mitad de camino de vuelta a la fiesta, un carro los había sacado de la carretera, maquilaron la narración y cada quien repasaba la parte que relataría.
Al encontrarse con su padre, detallaron el suceso, el padre quedó pensativo y solo comentó – lo bueno es que están bien todos, vamos a seguir disfrutando de la fiesta, al rato revisamos los golpes – todo había salido bien, tomaron unos tragos y bailaron hasta que llegó la hora de retirarse.
Una vez que llegaron a la casa, y ya listos para subir a sus habitaciones escucharon – Vengan todos para acá- se acomodaron uno junto al otro sin emitir palabra – estuve repasando mentalmente el incidente y tengo algunas dudas – y comenzó a soltar un conjunto de palabras técnicas referentes a la razón del golpe en la llanta o en la puerta del piloto, si al salirse de la carretera giraron a la derecha.
Decepcionados por su falta de lógica en la primera explicación otorgada, sólo agacharon la cabeza, esperando el veredicto final – “Quieren dormir al velador, mientras ustedes van, yo ya he vuelto, me da gusto que estén bien, pero mañana se levantan al amanecer, se van a dar de comer al ganado y de regreso llevan el carro a revisar, y el pago saldrá de sus ahorros, chamacos babosos”.