Para expresarnos sobre la libertad de prensa, un primer paso es definir los supuestos que acompañan la labor informativa que se ejerce en la práctica del periodismo. En general, se trata de la labor de obtener, seleccionar, elaborar y difundir noticias; pero también la de interpretarlas mediante lo que se denomina análisis y opinión. En la práctica del periodismo, por otro lado, se manifiestan dos compromisos: uno, con la representación más fiel posible de la realidad; otro, con los asuntos de interés social. Razón por la cual la prensa libre se constituye en un contrapoder capaz de influir en otros campos de actividad. Por ende, se convierte en un instrumento, pero su legitimidad dependerá del uso que el periodista haga de él. (Norbert Bibeny, Ética del periodismo: 18-20)
Tal es la cuestión que se ha puesto en el centro del debate tras el despido de la influyente periodista Carmen Aristegui, y sin duda debe ocuparnos a quienes tenemos el privilegio de contar con un espacio en un medio de información. Se trata desde luego de un cuestionamiento incómodo, pues no es poco decir que la mayor parte de la prensa nacional está alineada con el poder. Tal es la opinión de Jorge Ramos, otro influyente periodista. Esto supone que la mayoría seguimos la línea que desde el poder se impone, deslegitimando nuestra cotidiana labor.
Percibo sin embargo que tal aserto tiene sus asegunes, mucho de emotividad y cierto sesgo. Como decimos en México: en eso de seguir la línea que se impone desde el poder ni son tod@s los que están, ni están tod@s los que son. Vulnera, desde luego, que se acallen voces críticas por cualquier vía. El ejercicio periodístico, además, no se circunscribe únicamente al de los medios electrónicos.
Ciertamente ocurren en México situaciones graves y son muchas las denuncias públicas por tal motivo. Para la organización Reporteros Sin Fronteras, nuestro país es uno de los lugares más peligrosos del mundo para el ejercicio de esta noble labor. Particularmente si se vincula con asuntos relativos al crimen organizado y la corrupción.
Las instalaciones de distintos diarios mexicanos, por ejemplo, han sufrido agresiones que van más allá de las meras amenazas. Disparos, incendios, granadas de fragmentación y otros artefactos explosivos, son los medios para infundir temor. Esto supone que la labor periodística está acotada no únicamente desde el poder público, pues no puede perderse de vista a otros grupos de interés.
Atendiendo a ello hay nuevos preceptos legales cuyo interés central es, precisamente, proteger la libertad de prensa y de expresión. Como la que salvaguarda los derechos para el ejercicio del periodismo promulgada en nuestra entidad. Depende de cada un@ de nosotr@s, por tanto, el cariz de lo que informamos o la orientación con la que manifestamos nuestra opinión, contemplando un aspecto fundamental: el llamado Cuarto Poder es un ente heterogéneo y polifacético, y es nuestra obligación respetar tal diversidad.