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Trágico golpe a una de las cunas de la humanidad

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  • El terremoto en el valle de Katmandú destruye uno de los tesoros artísticos más importantes de Asia y del mundo
  • Opinión de Josep Lluis Alay, director de Patrimonio, Museos y Archivos de Barcelona y profesor de Historia de Asia de la Universidad de Barcelona

Nepal es, sin duda, un país más conocido por su riqueza natural que por su patrimonio cultural. La cordillera del Himalaya surcada por sus imponentes picos, algunos de ellos los más elevados del planeta como el monte Everest, ha dejado en segundo término uno de los tesoros culturales más importantes de Asia y de la humanidad: el valle de Katmandú. El catastrófico sismo que devastó la región revela de forma trágica, sin embargo, su extraordinario valor cultural.

La Unesco ha reconocido siete grupos monumentales como Patrimonio de la Humanidad en el valle de la capital nepalí. Parece ser que todos se habrían visto afectados en mayor o menor grado por el terremoto de 7.8 en la escala de Richter que azotó la zona. Desde un punto de vista espiritual, el valle es el resultado de la fusión del hinduismo y el budismo que al parecer encontraron su punto de perfecta fusión en las elevadas prácticas espirituales del tantrismo, común a ambas tradiciones religiosas. Katmandú también es el resultado de la combinación de culturas y lenguas de origen tibeto-birmano, como la newar y la tibetana, e indoeuropeo, como las de origen indio y nepalí.

Entre los monumentos catalogados por la Unesco, se encuentran en primer lugar los llamados complejos urbanos palaciegos, también conocidos como las plazas Durbar. Un conjunto de edificios religiosos y civiles que constituyen la representación artística más elevada de la cultura newar. Estos complejos arquitectónicos que constituyen todavía los centros históricos de las ciudades de Katmandú, Patan y Bhadakpur, están formados por los propios palacios reales así como un sinfín de templos hindúes y budistas, grandes fuentes y estatuas. Los edificios de ladrillos y madera, algunos en forma de pagodas, de la plaza Durbar de Katmandú, conocida como Hanuman Dhoka, fueron construidos por la dinastía de los Malla entre los siglos XII y XVIII, entre ellos  destacan los templos de Taleju y Jaganath y la estatua del rey Pratap Malla, la gran campana y el gran tambor.

En este escenario, sobresale la famosa y misteriosa inscripción del siglo XVII, dedicada a la diosa Kalika y escrita en 15 lenguas distintas, que se encuentra en uno de los muros del palacio real y sobre la que hay múltiples leyendas motivadas por la dificultad para interpretar correctamente la inscripción. La más famosa cuenta que contiene instrucciones para descubrir el tesoro perdido del rey Pratap Malla, que se encontraría en el subsuelo de la plaza Durbar.  (Agencias)