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No más calmantes del gradualismo      

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El 15 de marzo de 2012, al solicitar registro como candidato independiente a la Presidencia de la República (solicitud que se me negó), dije: “México vive una transición, donde el pasado no termina de morir y el futuro no termina de nacer.

 

“La transición mexicana se ha prolongado demasiado y ha sido secuestrada por los partidos políticos”. Continué: “los jóvenes y pobres de México demandan un país con las oportunidades a las que tienen derecho, pero se las han negado por la acción de los corruptos, los perversos, los ineptos y los pusilánimes. Ya no es tiempo de seguir tomando los calmantes del gradualismo¼ sería desastroso para la nación pasar por alto la urgencia del momento y subestimar el hartazgo social y la presión del llamado bono demográfico ante el panorama económico gris que se avecina en el ambiente global¼ hago un llamado al pueblo mexicano a que crea en sí mismo y en su grandeza. A que no nos hundamos en el valle de la desesperanza. A que entienda que lo importante es el pueblo y no el gobernante”.

Después de leer dichas palabras de hace 3 años, éstas siguen manteniendo plena vigencia. Ante esta realidad, agravada por la crisis de credibilidad del presidente de la República Enrique Peña Nieto y de su gobierno, y la debilidad en las finanzas públicas y el estancamiento económico, hago un llamado al partido gobernante a la prudencia; y a la partidocracia en el Congreso a ejercer un contrapeso responsable y no una complicidad irresponsable. Porque no hacerlo así sería catastrófico para el país.

Ojalá entienda que el hartazgo social es contra toda la clase política, y que no actuar con prudencia y responsabilidad sería tanto como jugar con lumbre.

Parafraseo a Tatiana mi hermana, en su conversación con la entonces primera dama Marta Sahagún, cuando le dijo: “Marta, ni tu ni Vicente tienen derecho a robarnos al pueblo de México la esperanza”. Hoy le digo al partido gobernante y a la partidocracia en general, no tienen derecho a robarnos la esperanza a los mexicanos. Lo he dicho hasta el cansancio, no se puede mover a México sin esperanza.

Mexicanos, no aceptemos el paradigma de que somos una generación condenada a sufrir la maldición de la corrupción. México sí tiene remedio; el problema no es cuándo vamos a terminar, sino cuándo vamos a empezar a hacer las cosas bien, con patriotismo. El derecho a la libertad lleva implícitas 3 cosas:

1) Un espíritu de lucha que da la dignidad y que busca conquistar y ampliar las libertades de todos, no sólo la de sus élites o las mías. Dignidad que ve de frente al ser humano, ni para arriba, ni para abajo.

2) Un espíritu de lucha que reconoce que libertad y responsabilidad van juntas. Que no se puede tener una sin la otra y que nadie hará por los mexicanos lo que no estemos dispuestos a hacer por nosotros mismos.

 

3) Un espíritu de lucha que reconoce a una ciudadanía comprometida en la construcción de su futuro, y no una población que espera que las cosas caigan de arriba.

Atrevámonos a construir el nuevo México que merecemos, seamos los nuevos mexicanos.

Twitter: @ClouthierManuel