La acusa de dañar la economía de EU
Trump revanchista; devuelve el golpe a Merkel con un tuit en el que responsabiliza a Berlín del déficit comercial
Trump, en su esquematismo, en su estocada de 140 caracteres, tira por la borda 70 años de amistad. Alemania ya no es un aliado fiel sino un deudor que se aprovecha de las debilidades americanas. Y él, Trump, es el encargado de evitarlo y devolver lo perdido a EU. Nadie sabe aún cómo. Pero pocos dudan de que será como le gusta a Trump: golpeando siempre que pueda.
La primera ley de Trump: golpea siempre que puedas. La segunda: hazlo por Twitter. En 140 caracteres, el presidente de EU dio ayer la razón al histórico veredicto de la canciller alemana, Angela Merkel: “Washington ha dejado de ser un aliado y Europa debe empezar a tomar las riendas de su futuro”.
Una reflexión de profundidad que en Trump suscitó duro tuit: “Tenemos un déficit comercial MASIVO con Alemania. Ellos pagan MUCHO MENOS de lo que deberían a la OTAN. Muy mal para USA. Esto debe cambiar”.
La respuesta muestra al desnudo la ideología Trump. Ya no hay intereses comunes por encima de los nacionales. Una clave que afecta a todo el árbol de relaciones multilaterales. El acuerdo sobre cambio climático está en duda, la estrategia de defensa mutua de Occidente dependerá del gasto que cada uno haga y las alianzas se supeditan al beneficio económico propio, un elemento que en la visión de Trump no se puede disociar del mantenimiento del voto en las comunidades deprimidas por la globalización que le apoyaron frente a la demócrata Hillary Clinton.
En este horizonte, el patriotismo económico propugnado por Trump tiene en Alemania su blanco perfecto. La nación que resurgió de las cenizas de la mano del Plan Marshall ve ahora cómo su prosperidad desata los peores humores de su hermano trasatlántico.
Alemania es el país con mayor superávit comercial del planeta (253.000 millones de euros en 2016). La cifra saca de quicio a Trump. Representa, más que un triunfo de un aliado, un fracaso propio. EU sufre un déficit en su balanza de 470.000 millones (50.000 millones con Alemania). La Casa Blanca, en su ardor proteccionista, ha llegado a acusar a Berlín de forzar un euro débil para favorecer sus exportaciones y ha amenazado con levantar barreras fiscales a los productos alemanes.
Ante este pulso, Merkel ha mostrado los dientes y su Gobierno ha dejado caer que está dispuesto a emprender una guerra comercial. La sangre no ha llegado al río, pero el desencanto no ha dejado de crecer. La visita de la canciller a Washington en marzo dio un anticipo de este glaciación. Merkel llegó con la idea de que era “mejor hablar uno con otro, que uno de otro”. Bajo ese argumento, recordó la larga amistad germano-estadounidense y los intereses compartidos. De nada sirvió. El viaje se saldó sin avances y en la retina del mundo sólo quedó una imagen: Trump evitando (o eso pareció) dar la mano a la canciller.