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La última cena, Vía Crucis y el cerro del Gólgota

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TRAS LOS PASOS DE CRISTO/PARTE 5

Es una mañana brillante cuando en Jerusalén, ciudad moderna en la actualidad, con una de las universidades más avanzadas del mundo, se siente el impacto de estar ante una cultura diferente pues las mujeres aquí visten con vestidos largos y los hombres con sombreros negros que cubren sus cabezas y trajes negros. En la llamada antigua Jerusalén, detrás de un alto muro, en el piso alto de una casa, en un espacio de unos ocho por cuatro metros, se celebró  la Última Cena de Cristo con sus discípulos; es un edificio bien conservado en donde Jesús instituyó el sacerdocio.

En este espacio estuvo el Señor con sus discípulos para celebrar la Pascua, antes de ser entregado; pero después, ya resucitado también estuvo  con sus apóstoles; aquí, Tomás el discípulo incrédulo, tuvo que atravesar con su dedo el hueco que dejó el clavo a Jesús, para poder creer. Es un lugar espacioso, con dos columnas y especie de arcos en el techo. De alguna manera se siente aún la presencia de Jesús.

Y entonces las historias que escuchamos desde niños toman sentido, al recordar: La asamblea de ancianos del pueblo y los príncipes de los sacerdotes se reunieron en el palacio de Caifás para encontrar el medio de aprehender  a Jesús y condenarle a muerte.

 

El Maestro había dicho a sus discípulos unos días antes de la Pascua:

-El hijo de Dios será entregado para morir en la cruz, y envió a dos de sus discípulos  la ciudad.

-Vayan y saldrá al encuentro un hombre con un cántaro de agua, síganle y digan al dueño de la casa  donde entre, que prepare un sitio para celebrar una comida en la fiesta de Pascua.

En la tarde, Jesús se sentó a la mesa con los doce y, tomando un jabón, agua y toalla les lavó los pies demostrando que hay que ser humildes. Luego mientras cenaban, les dijo: “Uno de ustedes me entregará a los soldados”. Judas entonces preguntó ¿Soy yo acaso Maestro? – Tú lo has dicho, mojando un pedazo de pan y dándoselo a Judas Iscariote y añadió: “Lo que has de hacer, hazlo pronto”.

Después, mientras comían, Jesús tomó el pan  lo bendijo y lo partió. Lo dio a los discípulos  y les dijo:

–         Tomen y coman porque este es mi cuerpo.

 

Y luego tomando un cáliz y dando gracias a Dios dijo:

–         Beban todos de él, porque esta es mi sangre  que será derramada para el perdón de los pecados.

 

Mientras tanto Judas Iscariote fue con los príncipes de los sacerdotes para señalarles el lugar en el que podían tomar preso a Jesús, el precio de su traición fueron treinta monedas.

 

EL HUERTO DE GETSEMANÍ

El huerto Getsemaní, es pequeño,  muy limpio y como todo lo relacionado con Jesús en Jerusalén es de una sencillez muy semejante a las enseñanzas del Mesías, que sólo  pide seguir 10 mandamientos.

La oración del huerto

Fueron después de la última cena a un huerto llamado Getsemaní. Jesús dijo a los discípulos: “me voy un poco más lejos para rezar, permanezcan despiertos para que me acompañen”.

Entonces oró y dijo:

–         Padre mío, si es posible aparta de mí el sufrimiento que me espera. Pero no se haga como yo quiero, sino como quieras Tú.

 

Y cuentan que empezó a sudar sangre por la angustia. Cuando regresó donde esperan los discípulos quienes estaban dormidos los regañó con dulzura.

Entonces llegó Judas Iscariote y lo besó señalándolo con esta acción. Los soldados aprehendieron a Jesús, Pedro entonces que tenía una espada hirió a un soldado en la oreja, Jesús curó al soldado. Porque dijo todo esto sucede para que se cumpla lo anunciado por los profetas. Los discípulos asustados huyeron. El huerto de Getsemaní es muy pequeño y actualmente está protegido por una valla de hierro. Dentro hay decenas de olivos, algunos muy viejos.

 

LA PASIÓN DE CRISTO

Dicen las escrituras que Caifás, el pontífice, quien se había reunido con los escribas, escuchó de uno de ellos: “Yo le oí decir que podía destruir el templo de Dios y ¡reconstruirlo en tres días!”

Caifás entonces  interrogó: ¿Eres tú el Mesías? — Tú lo has dicho le respondió.

Y entonces gritaron todos: ¡Que sea condenado a muerte!

Después le llevaron con Pilato, prefecto romano de Judea, pero cuando lo interrogó  no lo encontró culpable y les dijo lavándose las manos: ¿Soy inocente de la sangre de este hombre justo?

¡Crucifícale! Y que caiga su castigo sobre nosotros y sobre nuestros hijos

Y Jesús coronado de espinas y cargado con una pesada cruz fue obligado entre gritos e insultos a empezar a caminar hacia el calvario.

Vía Dolorosa

Actualmente la Vía Dolorosa de aproximadamente tres metros de ancho, atraviesa cientos de puestos de vestidos, camisetas,  dulces, pinturas; algunas estaciones de las caídas de Cristo con la cruz están marcadas por pequeñas capillas,  en las otras estaciones si no hay un guía que las muestre, se pierden entre mercaderías. Dice el guía que al igual que ahora, la vía al Gólgota estaba también repleta de comerciantes.

Las lenguas se entrelazan entre hebreo y árabe, cuando unas personas me escuchan hablar español me preguntan entusiasmadas sí sé por dónde hay que caminar para por la Vía Dolorosa y llegar al Santo Sepulcro, al Gólgota y les indicó por donde, su rostro se llena de alegría.

Es difícil rezar en este lugar, los colores de las mercaderías, el murmullo del ofrecimiento de las mercaderías, los olores a comida árabe torna imposible esto, sin embargo hacemos lo imposible porque estamos lejos y la emoción por conocer los últimos pasos de Jesús en este camino que para Él fue muy amargo, hace que nos reconcentremos. Está marcado también el lugar donde una mujer le lleva un trapo para enjugar su rostro y donde un hombre llamado Simón de Cirenea le ayuda con el madero.

 

EL GÓLGOTA

Llegamos después al Gólgota. Era en antaño un cerro, pero ahora está dentro de una catedral antigua. La azotea está resguardada por la iglesia etíope. Dos sacerdotes muy viejos cuidan  esta  azotea y para bajar la escalera se tiene que pasar por una pequeña capilla con cortinajes y alfombras viejas y derruidas.  Hay peregrinos de todo el mundo, las lenguas se mezclan al igual que los rostros,  somos diferentes pero tenemos algo en común: el deseo de conocer esos pasos de Cristo que nos guian desde siempre.

La iglesia muy vieja del Gólgota está en reparación. Se entra y casi de frente se encuentra una losa donde, luego de que la madre de  Jesús y sus discípulos lo bajaron de la cruz ya muerto, prepararon su cuerpo con perfumes y mirra para después depositarlo en el sepulcro. La gente se hinca para besar la piedra. En medio del templo se encuentra el sepulcro. La gente se forma para ingresar al lugar; también dentro de una pequeña capilla se encuentra lo que fue una cueva y ahí una piedra rectangular de pocos menos de dos metros se extiende, fue allí donde estuvo el cuerpo de el Salvador.

Hay que subir una escalera alta para llegar a un altar. A un lado del altar principal, fue clavado Jesús. Hay que hincarse en el altar para mirar debajo de éste el agujero  donde según nos dicen estuvo dentro la madera de la cruz. Allí, en ese lugar, fue crucificado Jesús.

Este es el mismo lugar  donde la muchedumbre no se conmovió al ver su sufrimiento y de manera burlona le gritaban:

–         ¿Dónde está tu poder para hacer milagros? ¿Tú que prometiste derribar el templo y edificarlo en tres días por qué no te salvas a Ti mismo?

 

Comenzaron a extenderse las tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora nona y entonces exclamó Jesús:

-¡Dios mío!, ¡Dios mío!, ¿Por qué me has abandonado?

Y había transcurrido cierto tiempo Cuando dijo Jesús:

-Tengo sed.

Uno de los soldados tomó una esponja la empapó de vinagre, la fijó en una caña larga y le dio de beber.

Cuando hubo mojado sus resecos labios, exclamó el Señor:

–         Todo está consumado.

 

–         Y dando un grito, añadió

 

–         ¡Padre mío, en tus manos encomiendo mi espíritu e inclinando la cabeza expiró!

 

Toco el lugar donde estuvo la cruz y  pienso en el centurión que exclamó ¡Verdaderamente éste era el Hijo de Dios!

Dicen las escrituras: Sin embargo un soldado para asegurar que Jesús estaba muerto, le atravesó el costado con su lanza.

La tierra siguió temblando porque Jesús había muerto y por eso hoy viernes santo en las iglesias ricas y pobres de nuestra nación y del mundo recuerdan a Jesús de Nazaret con recogimiento y representaciones de esta Vía Dolorosa.

El templo del Gólgota es resguardado  por sacerdotes de la Iglesia etíope, la Griega ortodoxa y la Católica. Al salir no puede borrarse la sensación de haber estado presente en la pasión de Cristo, ocurrida hace dos milenios, pero tan presente en los actuales mártires de Siria y de tantos lugares sufrientes del mundo.