ENCARNIZADA PELEA
Se dieron hasta por debajo de la lengua. No faltó quién sacara el fierro, y a uno de ellos se lo echaron al plato. La popular colonia Felipe Ángeles se tiñó de rojo.
Un joven de 19 años perdió la vida, pues le hicieron varios agujeros en el tórax y uno de ellos le tocó la molleja.
Su mamá estuvo a punto de sufrir un infarto porque, horrorizada, vio cuando mataron a su hijo. La sangre le brotaba como al chorrito, y cayó en la puerta de su casa.
Afirman testigos que toda la bola de jóvenes andaba hasta la chanclas. A otro también lo picaron y se lo llevaron al Hospital General.
Fue una batalla campal, todos contra todos. No saben quién es el asesino, ni quién acuchilló al otro.
Los vecinos hablaron al 911. Cuando las autoridades hicieron acto de presencia ya no estaban los que armaron el desmadre.
Sólo hallaron al muchacho que aún alcanzó a tocar la puerta y al abrir, se cayó para adentro de la casa, pero ya había muerto.
Los hechos sangrientos ocurrieron en la calle Anastasio Bustamante, esquina con Deportes.
Al respecto declaró Maximina, jefa del ahora occiso, que estaba haciendo la meme, media dormida, cuando se levantó a abrirle la puerta a su retoño quien en el acto se desplomó desfallecido y por un pelito se la lleva de corbata.
A los pocos minutos arribaron gendarmes y socorristas de la Cruz Roja, quienes sólo confirmaron que el joven ya se había ido al valle de las calacas, pues dijeron que expiró a causa de las puñaladas que le propinaron en el tórax.
Los uniformados acordonaron el sangriento escenario, mirando para todos lados, muy abusados, no les fueran a llegar por la retaguardia.
Al arribo de tantas autoridades, pensaron que se trataba de una peregrinación. Al frente iba el MP, seguido de peritos en criminalística de campo, agentes investigadores, así como uniformados estatales y municipales, de Protección Civil, grupo de Rescate y los bomberos.
No faltaron los del Servicio Médico Forense (Semefo). La gente pensaba que ya habían adelantado las tres caídas.
Algunos mirones adelantaron que de momento, en plena calle, se armó el escándalo y luego se soltaron los madrazos, y que hubo más heridos.
Sobre el paradero de los responsables, les aconsejaron siguieran las huellas de sangre que dejaron.
Los policías desplegaron un operativo de búsqueda de los culpables del crimen.
Recorrieron la zona, mirando para todos lados. Les llegó el tip de que en la calle Aluminio, colonia Paseos de la Plata, los socorristas atendieron a un tal Marco Antonio, de 56 años, quien fue llevado al Hospital del IMSS, pues, herido, perdía mucha sangre.
Por su parte, Gabriela “N”, de 54 años, mujer del lesionado, aseveró que su viejo fue uno de los que participó en dicho zipizape, pues andaba bien burro. En esa misma reyerta intervino la persona que, desgraciadamente, había perdido la vida.
Y como no agarraron a nadie, la PGJEH notificó que el pleito estuvo del cocol, pues riñeron pandilla contra pandilla. Pero que los agentes ya los andan buscando.
OTRA DE VIOLENCIA FAMILIAR
Angelina Perea toda golpeada, con un ojo cerrado y otro de rendija, denunció a su borracho viejo que llevaban una vida regular, pero desde que anda de sancho, se le va en pelear. Por eso la fémina ya no aguanto esa clase de vida, y le ordenó que agarrara sus cosas y que se fuera con su madre.
La mujer de 35 años, con domicilio en la calle Chicago 203, colonia Francisco I. Madero, de Tulancingo, expuso ante el agente del Ministerio Público, que habló con su pareja y decidió que hay muere su relación. Ahí se rompió una taza y cada quien para su casa.
Tiene 2 hijos pero ella buscará la forma de sacarlos adelante. Ya no lo quiere por cuzco. Anoche escuchó ruidos, que ladraron los perros, el viento soplaba fuerte, y pensó que eran los muertitos que llegaban a este mundo.
El ruido siguió y… ¡Ay, mamacita! No era el muerto sino su marido que había forzado la chapa para entrar.
Al verla él, y después de decirle de cosas y mentarle toda la madre, se le fue encima jaloneándola de los cabellos y dándole duro a donde le cayeran los madrazos.
Sus hijos le gritaban de espanto a su papá, que la dejara, que no le pegara, pero Félix Hernández aparte de que estaba bien borracho, se quería vengar de que lo había corrido de su casa.
La aventó a la cama y le rasgó la ropa queriendo satisfacer sus bajos instintos delante de sus hijos, sin importarle que les salieran perrillas.
Los niños salieron llorando a pedir auxilio a sus vecinos, y uno de ellos llamó a la policía. Como no hay ebrio que trague lumbre, le dio un endemoniado coco y se salió agarrando 5 mil pesos que tenía la agraviada en la mesa y un celular.
Amenazó que la iba a matar. Como la quejosa conoce a la perfección al golpeador y ladrón, que nombró su ex viejo, por eso lo fue acusar porque es capaz de cumplir sus advertencias.
TUNDEN A PARROQUIANO DE UN ANTRO
Procedente de Tulancingo, trasladaron al pachuqueño Hospital General a un joven todo madreado. No sabía ni cómo se llamaba ni dónde se encontraba, de la madriza que le habían propinado.
Después de que lo atendieron y volvió a la normalidad, recordó que se llamaba Erick Ramírez Ortiz, de 19 años y que era tulancinguense.
Declaró ante el Ministerio Público que fue solo a una discoteca a quitarse el estrés porque seguido su jefa lo está cajeteando, pidiéndole las calificaciones de la escuela, y mejor fue a divertirse.
Se metió a “La Tormenta del Oeste”. No faltó con quién se aventara una cuba y como había varias chicas, le entró a mover el bote, brincando como apache de tanto tamborazo, pues estaba muy alegre.
Ya era de madrugada cuando salió y afuera lo descontaron a la mala. Era un cuate que se llama Leopoldo Cazares.
Se levantó y cuando se estaban aventando un callito a mano limpia, llegó su compañero de Polo, un güey que se llama Armando Islas San Juan. Los conoce muy bien porque ellos trabajan como empleados de seguridad en la disco.
Entre los dos se lo sonaron hasta casi dejarlo inconsciente. Lo tumbaron y lo jalaron de las greñas. Vociferó el Polo que eso era por lo que le dijo a su hermana.
Pero Erick aclaró que durante el tiempo que estuvo en la discoteca no molestó ni insultó a ninguna de las chicas que estaba en ese antro.
Con dificultad llegó a su casa y, para su sorpresa y desconcierto, no lo dejaban entrar porque sus mismos familiares lo desconocieron porque iba muy hinchado de la cara y sangrando, todo lleno de chipotes.
Les dijo a sus padres que era su hijo Eric, siendo así como al verlo todo desmadrado, lo condujeron de emergencia al HG de la capital.
Por lo tanto, pide encarecidamente a las autoridades correspondientes, detengan a sus atacantes para que sean sancionados conforme a la ley y le paguen las curaciones porque si en la escuela de calificación tenía puros cincos, ahora, por no ir, le van a poner cero.
VÍCTIMA DE ABUSO POLICIAL
“Les juro, por mi jefa, que jamás le puse la mano encima a la trabajadora de Movi Park, solamente traté de que no inmovilizara mi auto, y fue un argumento falso de ella, pues de haberla tocado la hubiera desmadrado, pues no es de mi peso”.
Así se expresó Beatriz Medina quien expuso el pasado lunes fue sometida por los valientes agentes de la policía municipal, supuestamente por madrear a la cuidadora de los paquidermos, luego que ésta la acusó de que le quería jugar al mago y no pagar el parquímetro.
Lo anduvo gritando gritando a los cuatro vientos y así llegó a un diario para acusar que ese día dejó su vehículo en la céntrica calle Guerrero para posteriormente entrar a una tienda de telas.
Iba acompañada de su hijo y de su ayudante de trabajo. Aclaró que pagó dos pesos en el paquidermo para disponer de 15 minutos de estacionamiento, de los cuales sólo ocupó 5 ó 7 y salió de inmediato del negocio.
Al abordar su auto, dijo Beatriz que una trabajadora del Movi Park se le acercó para indicarle que le iba a inmovilizar su carro porque estaba mal estacionado y ocupaba dos cajones, y por lo tanto se había ganado una multa.
“Me dijo que no estaba bien estacionado, pero cuando yo llegué me estacione atrás de un automóvil y apenas salía del cajón porque no cabía, pero no le impedía el paso a nadie. Le dije que no mamara, que no tenía por qué inmovilizar mi camioneta, pues pagué mi lugar y no afecté a nadie.
“Ella se me puso al brinco y a la de a huevo quiso poner su araña. Me agaché para retirarla”.
Entonces Beatriz le pidió a su vástago que se llevara el coche de ese lugar porque estaba siendo objeto de una injusticia.
También la mujer dijo que por ningún momento su retoño le echó la unidad encima a la chaparra trabajadora, como se asentó en el reporte policíaco, lo cual publicó en el periódico.
Después Beatriz se dirigió a la calle Guzmán Mayer donde fue intervenida por varias patrullas, de las se bajaron los gendarmes con su carabina y “apuntándome, me dijeron que estaba detenida, que si trataba de fugarme, me iban a dar un plomazo en las patas.
“La verdad, sí me opuse al arresto porque era una injusticia, y más, porque me lastimaron las muñecas de las manos con las esposas que me pusieron, y me trasladaron como su fuera un delincuente; pero sólo me defendí del mal trato que me dieron”.
Beatriz explicó que acudió a la Comisión de Derechos Humanos del Estado donde se inició un expediente por el abuso de los gendarmes.
“Todavía los desgraciados de los policías, escribieron que me detuvieron con respeto, cosa que nunca pasó, pues me agredieron y me llevaron a la fuerza. Me tuvieron encerrada hasta que pagué una fuerte multa”, concluyó la quejosa.
ECHARON BALA
Martín Mejía Rebolledo corría como loco en una camioneta, y atrás de él, los ministeriales que, cuando lo alcanzaron, le dieron sus zapes.
Al registrarlo le encontraron una pistola calibre .22, con varios cartuchos quemados.
El detenido les dijo que iba con unos amigos y cuando pasó cerca de un coche le aventaron de botellazos, por lo que él les aventó de balazos, pero le respondieron tirándole al negro con una escopeta.
Los investigadores descubrieron agujeros de balas en la camioneta Van GMC café, modelo 85.
Se los llevaron a la comandancia de Actopan, ante el Ministerio Público, por portar armas sin permiso y disparar a lo loco.
Sin embargo, fue levantada una acta en su contra, en agravio de Matías Cruz, quien afirmó haber sido tiroteado desde el interior de una camioneta con las mismas características de la de Martín.
Le dispararon a su coche Ford Topaz gris. Las balas le pasaron rozando las orejas y rompieron los vidrios.
Martín les repitió que fueran por quien lo acusaba, que sí les aventó de balazos, pero también ellos le tiraron con una escopeta como la del conejo Blas.
Y mientras se hacen las averiguaciones de oficio, se quedaron detenidos Martín y Laureano Mejía Rebolledo, Martín y Rosalía Aguilar Monroy y Guillermo Ángeles Cabañas.
Informaron las autoridades que el tiroteo ocurrió en Actopan y los detuvieron en Santiago de Anaya.