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UN INFIERNO BONITO

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POR BORRACHO, LO MANDARON A DORMIR AL PATIO
Alberto Sánchez Hernández, de 30 años, se aventó una canita al aire. Se le escapó a su vieja porque no lo deja salir. Se fue con sus amigotes sonsacadores a  divertirse al “Corredor de las caricias”. Estando allá muy contento, sintiéndose libre como el viento, se tomó más cervezas que el burro de Acapulco. Se metió al teatro para escuchar cantar a una vieja en traje de rana, luego a un tugurio de mala muerte. Estuvo chupando como recién nacido y llegó hasta la madre a su casa, ubicada en Félix Gómez 202.

Su vieja estaba que se la llevaba pifas porque siempre lo tenía como gato ratonero. En cuanto lo vio lo puso como palo de perico. Estaba tan furiosa que le mentó la madre, le juró que lo iba a acusar con su suegra y le dio una tremenda cachetada que lo tumbó. A Alberto le valió madre. Se sobó y no dijo ni una sola palabra. Lo que quería era descansar y se metió a su recámara. Atrás de él iba su vieja como loca  diciéndole hasta de lo que se iba a morir. Se había quitado un zapato. Su señora se puso histérica, lo jaló de las greñas, lo sacó a empujones al patio y cerró la reja con candado para que no se le volviera a ir.
Atrancó la puerta dejándolo afuera.
Él tocó varias veces pero ella no le abrió.  Alberto se sentó en el patio frotándose las manos porque hacía mucho frío y caía una briznita de agua muy fina, pero mojaba.
En un rincón del patio vio la casa del perro “Pipo” que ya no estaba porque lo había destripado un carro. Era su único refugio. Se metió y se hizo rosca y con la borrachera que llevaba, se quedó dormido.
Ya era de madrugada cuando escuchó voces y pensó que era su vieja que ya lo había perdonado y salía a decirle que se metiera. Se asomó y vio a un par de ladrones que iban saliendo como Santa Claus con un costal en el lomo.
Cuando iban a saltar la reja se les aventó, se les puso al tiro aventándoles de madrazos, jugándose el todo. Eran dos contra uno.
Al escuchar el escándalo su vieja se asomó y vio que a su marido lo estaban madreando. Llamó al 066 y cuando se escapaban, a los ladrones les cayeron los policías.
Fueron al Ministerio Público a hacer la denuncia. Los rateros dijeron llamarse Juan y Pedro Cervantes, con domicilio en el barrio El Porvenir.
Pasaron por la casa y se les ocurrió robar porque no había perro, pero se espantaron cuando de la perrera les salió Alberto. Es la primera y última vez que roban porque todavía no se reponen del susto.

SE METIÓ A UNA CASA CON TODO Y AUTOMÓVIL
Impresionante madrazo se escuchó contra el zaguán y la barda de una casa, que despertó a toda una familia que salió hecha la mocha pensando que estaba temblando. Sucedió en la colonia El Saucillo, municipio de Mineral de la Reforma.
El chofer de automóvil estaba todo idiota, no sabía qué hacer. Miraba para todos lados y preguntaba quién lo aventó a la casa. Los socorristas de la Cruz Roja se lo llevaron al Hospital General.
Todo era silencio, todo estaba en calma, cuando se escuchó un fuerte madrazo. Salieron los habitantes de la casa y vieron que se metió una camioneta. Lo bueno es que ya estaban despiertos. Eran las 9 de la mañana.
Llegaron los uniformados y encontraron al chofer todo desmadrado, dentro de una unidad Volkswagen Golf azul metálico, con placas LTR-4760. El chofer fue identificado como Cristóbal Santos Pérez, de 26 años.
Los paramédicos de la Cruz Roja lo sacaron con mucho cuidado porque se notaba que tenía lesiones graves. Dijeron algunos testigos que antes de proyectarse sin control a toda velocidad contra el zaguán y la barda el Volkswagen, de modelo atrasado, chocó contra una camioneta Ford Ranger negra, con placas de circulación HMX-3701 que conducía Jorge Martínez Rosales.
Dijeron los uniformados que tomaron contacto con los involucrados, que manejaba a alta velocidad, lo que ocasionó la colisión vehicular.
Sacó la peor parte el Volkswagen que se fue a estampar contra el domicilio de dos plantas cuyo dueño es Federico Hernández Ramírez, que muy enojado, dijo que demandaría legalmente el pago de los daños causados a su propiedad.
Luego del fuerte madrazo con la lámina pintada color de durazno y la esquina de la barda, los asustado dueños salieron a ver qué había pasado.
El automovilista yacía sin sentado, atrapado entre el tablero y el asiento. A a pocos metros de distancia quedó la camioneta Ranger. Jorge dijo que él no tuvo la culpa de nada.
Las cosas se arreglarán cuando el conductor herido pague por los daños  a  la Ranger, el zaguán y al barda. Creo que se va a desmayar de nuevo cuando sepa que los gastos superan los 30 mil pesos más su carrito que ya no va a servir.

ROBABAN A PADRE E HIJO
Miguel Ángel Ramírez Gómez y su hijo, Enrique Sebastián Ramírez, de 15 años, salían de la tienda City Club de Pachuca cuando de momento se les pararon los pelos al ver que un par de ladrones quitaban las llantas a su camioneta.
Sin hacerles un reclamo, se les aventaron a madrazos para detenerlos pero no pudieron, pues los cacos eran unos hombres ya maduros y fornidos, quienes les dieron de madrazos y los tiraron, para luego abordar una camioneta combi.
Los agraviados no se daban por vencidos y trataron de bajarlos. Los pillos los bajaron a golpes y uno de ellos prendió la unidad y se las echó encima atropellándolos, dejándolos tirados. Eran las 6 de la tarde.
El joven pidió auxilio pero nadie se dio cuenta. Los que lo vieron se hicieron disimulados. No saben ni cómo, pero llegó una patrulla de la Policía Municipal y les dieron los datos de la combi y de los rateros que les habían robado los neumáticos.
Implementaron su famoso operativo y comenzaron a radiar, teniendo respuesta que por donde se encuentra el busto de  Colosio, en uno de los puentes altos, agarraron una combi vieja sospechosa.
Le hicieron la parada y como no les obedecieron, se le cerraron y sacando sus pistolas, los hicieron que se bajaran y los llevaron directo a la barandilla, poniéndolos a disposición del Ministerio Público.
Los identificaron los afectados quienes fueron trasladados al Hospital Marfil para su atención médica.
Dentro de la combi llevaban varias llantas entre ellas las que acababan de robar.
Un viejo panzón, de nombre Jesús Baltasar, de 40 años y su compañero de faenas, Juan Pineda, de 38, dijeron provenir del Estado de México y son dueños de vulcanizadoras.
Continuamente vienen a Pachuca a surtirse de llantas. Se les facilita porque aquí no hay vigilancia. Quedaron sujetos a investigación y ojala les apliquen la pena máxima.

ATRACADO EN UN CAJERO
Dos atrevidos hampones, por la mañana de anteayer, asaltaron a Manuel Álvarez Espinoza, de 41 años, en un cajero automático de sucursal Banamex de Plaza Perisur.
El agraviado se llevó el susto de su vida, y mejor va a guardar el dinero en su casa para evitar que lo atraquen.
Explicó ante el Ministerio Público de Seguridad Pública, que le cae que ya tiene miedo llegar a Pachuca de tanto conejo que hay, y así le dicen que se cuide de la diabetes.
Salió de su casa ubicada en el municipio de Emiliano Zapata para dirigirse a Pachuca a trabajar en una constructora. Llegó muy puntual como un inglés, a las 9 y media, y le dijo a su jefe que iba a depositar una lana y checar su saldo.
Se metió a Plaza Perisur. En el banco  había mucha gente y mejor fue a un cajero automático. Cuando entró estaba un jovencito sacando dinero, esperó y entró él.
Cuando había metido su tarjeta y marcado el número confidencial, entraron dos hijos de su pelona.
Uno se le puso atrás y otro juntó a él. Le dijeron que lo siguiera haciendo, que no parara, o de lo contrario lo iban a madrear.
Le quitaron el dinero que sacó y su tarjeta y salieron corriendo, no dándole tiempo ni de gritar.
Al salir encontró a un muchacho sentado sobándose la cabeza, quien le dijo que lo tiraron unos tipos que salieron corriendo y les señaló por dónde se fueron.
Entró al banco y se dirigió al gerente que lo vio muy espantado, y le contó lo que le había pasado. Le dijo que hablara por teléfono dentro de una caseta y les diera el número de tarjeta para cancelar toda operación.
Manuel, temblando como gelatina, así lo hizo, y le dijeron que ahora sí podía hacer las operaciones que quisiera, que ya no había problema.
¡Ni madres! Al verificar su cuenta vio que le habían robado 4 mil pesos. Pero le salió barato pues, si no se pone abusado, lo dejan a raíz.
Buscaba a un policía pero le dijeron que solamente se ven muchos en los desfiles del 16 de septiembre.

ANDABA MUY EBRIO Y COLISIONÓ
Se le pasaron las cucharadas y estampó su unidad     Hummer contra un vehículo accidentado, en presencia de la policía que atendía el asunto.
El ebrio conductor puso tierra de por medio, chocando con cualquier objeto y coches estacionados, hasta que un objeto fijo paró su loca carrera.
Total desorden. Por lo borracho, el hombre protagonizó una persecución policial por los bulevares Felipe Ángeles y Luis Donaldo Colosio, hasta terminar en el Nuevo Hidalgo, cerca del Estadio Hidalgo.
Según el informe, los hechos ocurrieron como a las 3 de la mañana, todavía no cantaba el gallo. Los agentes atendían  un hecho de tránsito en el estacionamiento de Plaza Perisur,  pachuqueña colonia Venta Prieta.
No saben de dónde salió una camioneta gris que se estampó contra un vehículo que previamente se había accidentado.
El conductor en lugar de pararse se dio a la fuga a pesar de los gritos y señales que le hacían los uniformados para que se parara.
Se informó que por radio, los uniformados solicitaron apoyo de más unidades para perseguir al conductor de la camioneta Hummer gris, placas de circulación MGV- 6663, quien se peló por el Colosio.
Hizo muchos desmadres hasta que se quedó quieto, dándose un madrazo contra un señalamiento de tránsito, a la altura del Estadio Hidalgo donde los agentes lograron agarrarlo y se identificó como César, de 28 años, con domicilio en Querétaro.
Al bajarlo de la unidad, de las greñas porque no quería y todavía se ponía bronco, se dieron cuenta que el conductor iba hasta las chanclas de borracho.
Ya ni le preguntaron más. Anotaron todo lo que hizo y fue remitido al área de retención de la policía.
La camioneta fue trasladada al corralón de la empresa grúas Felipe Ángeles hasta determinar su liberación, luego de que el propietario cubra las multas correspondientes.