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Cuentos de Manjarrez, desde mirada infantil

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Luego de escribir la novela “Yo te conozco”, también con recuerdos de niñez y cuya historia sucede entre la Roma y la Condesa; de volver al pasado y recorrer ciudades en su libro de cuentos “Anoche dormí en la montaña” y de recuperar la memoria de su paso por París y su estancia en Nayarit, Héctor Manjarrez pensó que había cerrado el capítulo “infancia, pubertad, adolescencia”, pero parece que no será así.

Hace poco historias del pasado volvieron a su memoria, tarjetas con notas y cuentos que no habían prosperado reaparecieron y fueron conformando una serie de cuentos que han dado lugar a “Los niños están locos” (Era), nuevo libro de relatos donde Manjarrez vuelve a abrir el capítulo “infancia, pubertad, adolescencia” y desarrolla 13 historias sobre el misterioso territorio de la infancia. 
“La memoria trabaja de maneras misteriosas, la memoria tiene que ver con un incidente cualquiera, algo a lo mejor me recordaría aquel incidente de mi infancia y eso me llevara a escribir ese cuento. Eso opera y también opera que tus abuelos ya están muertos y puedes hablar de ellos, que tus padres ya están muertos y también puedes hablar de ellos, ya nadie te va a decir ‘ay por qué dijiste eso sobre Georgina’ y yo deber responder ‘mi responsabilidad es escribir historias’; todo coopera para decir ‘me gustaría escribir sobre esto’”, señala.
Manjarrez asegura que no le interesa escribir con un propósito político, le interesa simplemente contar. Él tenía muchas tarjetas sobre infancia que de repente revivieron, tenía apuntes que pensó que nunca iba a utilizar pero resurgieron. “De repente me di cuenta que no, que la infancia, pubertad, adolescencia, me seguía interesando mucho, que tenía varios cuentos que nunca había podido escribir, algunos sólo eran notas y notas, y otros eran intentos, ya en la máquina o en computadora, que eran diversas formas de tratar de escribir una historia, que habían fracasado. Todos eran la historia de un fracaso, pero bueno, yo estoy muy acostumbrado a fracasar, a decir ‘chin, no, no me sale’, y a olvidar esa historia o a no olvidar esa historia y siempre tenerla presente”, señala Manjarrez.