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Colima, en las brasas de la violencia

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Colima lidera la lista de Estados más violentos con más de 550 asesinatos en lo que va de año y una tasa de 89 muertes por cada 100.000 habitantes, casi seis veces la media nacional, según el Sistema de Seguridad Pública, dependiente del Gobierno mexicano. “Somos poquitos en el Estado y con esta medición aparecemos siempre arriba”, se lamenta el presidente de la asociación de hoteleros.

Frente a la estación de autobús de Colima hay un enorme cartel en el que se lee: “Estamos limpiando Colima”. Con él, el Ayuntamiento presume su moderno programa de reciclaje y becas. Un letrero impensable en otras partes de México.

En la misma dirección, la guía turística más vendida del mundo describe el pequeño estado costero como un lugar tranquilo, con un alto nivel de vida, grandes playas, una temperatura media de 25 grados, uno de los puertos más grandes del Pacífico y un volcán hiperactivo que maravilla a geólogos de todo el mundo. Sin embargo, los empresarios, las estadísticas, la Embajada de EU y el periódico local -el del lunes, sin ir más lejos- opinan lo contrario.

“Balacera en bar termina con un muerto y dos heridos”, dice el titular del Diario de Colima del lunes. “Ultiman a hombre de 30 años en su auto”, se lee más abajo. “Encuentran cadáver en la autopista”, recoge una columna.

Para el cantinero que saca brillo a la barra, a pocas cuadras de donde apareció el último muerto simplemente “se puso muy cabrona la cosa”, dice sin levantar la vista de la madera.

Desde que comenzó 2016, Colima encabeza la lista de estados más violentos de México sumergido en una rutina que no conoce feriados ni huracanes, y deja diariamente en las calles dos muertos de diferente calibre. Ubicado en la costa del Pacífico, es uno de los estados más pequeños y con menos población del país norteamericano. A 20 horas en coche de la frontera de EU por una buena autopista, tiene un tamaño cuatro veces mayor que el de la Ciudad de México, pero sus residentes solo alcanzan las 700.000 personas.

Hace sólo cinco años, Colima encabezaba la lista de los lugares con mejor calidad de vida de México y en las páginas de sucesos sólo aparecían accidentes de tránsito, peleas de borrachos o episodios de violencia machista.

Muchos recuerdan el tiempo en que la entidad se vendía turísticamente en el extranjero con la frase “Colima, el lugar donde no pasa nada”. Sin embargo, la situación ha cambiado y ahora los periódicos van llenos de encobijados, narcomantas y muertos por los que pocas madres preguntan.

“Tradicionalmente, la entidad había sido una zona de descanso y blanqueo para organizaciones delictivas. Y recientemente estaba bajo el control del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG)”, explica Vidal Llerenas, diputado de Morena. En 2015, una serie de mensajes anunció la irrupción del cártel de Sinaloa, que dirigía Joaquín El Chapo Guzmán, para recuperar la plaza. La estrategia siguió el manual y comenzaron a morir secuestradores, drogadictos, sicarios, halcones y orejas (vigilantes en las calles) del cártel contrario. Sinaloa se hacía llamar “La barredora” y supuso el inicio de una sangría que mantiene en estado de shock a la población.