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No solo es una tragedia, es una vergüenza

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Otro accidente con pirotecnia en México

Es la hora de pedir responsabilidades por la catástrofe

La explosión en Tultepec no sólo es una tragedia, es una vergüenza, reveladora de un estado de cosas en México que, por sabidas, no deben de dejar de escandalizarnos. Se trata de un mercado de fuegos artificiales del tamaño de dos campos de fútbol.
El director general del Instituto Mexiquense de la Pirotecnia aseguraba en días recientes que “el tianguis de pirotecnia de San Pablito era el más seguro en Latinoamérica”. ¿Qué dirá hoy? ¿Qué pensará el alcalde? Lo que piensa y ha dicho el gobernador ya lo sabemos: que la Fiscalía se hará cargo de la investigación. Y cualquier mexicano entiende qué significa eso en realidad: no habrá culpables.
Pero la catástrofe de Tultepec no puede ser pura rutina, otra desgracia más que se abate sobre la raza, otra tragedia más sobre los pobres, los jodidos de México, curada con las lágrimas, la soledad y la resignación de quienes hace siglos que no esperan nada. ¿Quiénes son los responsables de la desgracia? ¿Quiénes son los que permitieron la acumulación de esa cantidad de explosivos? ¿Quiénes velaban por la seguridad del recinto? ¿Cuántos tianguis existen en la República con esa posibilidad, mejor dicho, probabilidad de riesgo? ¿Qué medidas van a tomar las autoridades para que no haya otro Tultepec?
México lleva demasiado tiempo aceptando la anormalidad como normalidad, asumiendo que la tragedia cotidiana, un secuestro, una extorsión, un asesinato, un atropello en las calles, una estafa de instituciones públicas o privadas, un soborno o un accidente causado por la incuria criminal de sus responsables es un hecho de la vida cotidiana, refugiándose en la impotencia y el conformismo cuando no, y aún peor, en el cinismo y la sumisión.
Es la hora de las responsabilidades, es la hora de pedir de verdad la tan gastada rendición de cuentas, es la hora de que México empiece a cambiar.