- Irán representa una pequeña fracción del creciente peligro que para todo el planeta supone el arma nuclear
Desde el mismo arranque de la era atómica –materializado en agosto de 1945 con el bombardeo de Hiroshima y Nagasaki– un grupo de físicos, ingenieros y otros especialistas del decisivo Proyecto Manhattan empezaron a publicar en Chicago una revista para explicar los grandes debates generados por esta nueva tecnología apocalíptica y defender la necesidad de un estricto control internacional. Dos años después, el comité del Boletín de Científicos Atómicos fue más allá y creó un símbolo para divulgar sus trascendentales preocupaciones: el reloj del Juicio Final (Doomsday Clock).
Al poner en marcha esta metáfora sobre el peligro de una deliberada destrucción del planeta, el reloj marcaba siete minutos para la medianoche. En 1949, con el primer ensayo nuclear de la Unión Soviética, las manecillas empezaron a moverse hacia el punto y final. Desde entonces, el reloj se ha ajustado en más de una veintena de ocasiones, con márgenes de 2 a 17 minutos según los diversos avatares de la proliferación nuclear durante y después de la Guerra Fría. Y según la última puesta en hora realizada en enero, con la supervisión de 18 premios Nobel y forzada también por los efectos del cambio climático, ya solo faltarían tres minutos para lo peor.
De acuerdo a este preocupante diagnóstico, Irán representa una fracción más bien reducida del endemoniado problema que representa el creciente arsenal nuclear para todo el mundo. Por un lado no han prosperado las buenas intenciones generadas tras el final de la Guerra Fría para que EU y Rusia pudieran avanzar por la senda de reducir en todo lo posible esa terrible categoría de armas de destrucción masiva. De hecho, los dos gigantes nucleares se encuentran desde hace tiempo embarcados en un cuestionado proceso de modernización de sus respectivos arsenales.
Por otro lado, el panorama geoestratégico se complica todavía más con la conducta atribuida a países en el vagón de cola de la proliferación nuclear como India, Pakistán, Israel o Corea del Norte. Estas naciones –con muy diferentes motivaciones, estratégicas y diferentes grados de estabilidad interna– están compartiendo un empeño similar de expandir y perfeccionar sus armas nucleares como una forma legítima para garantizar su seguridad nacional.
Esta amenazadora realidad, según argumenta el Boletín de Científicos Atómicos, tiene responsables: «Los líderes mundiales han fracasado a la hora de actuar con velocidad o en la escala que se requiere para proteger a los ciudadanos ante una potencial catástrofe. Estos fallos de liderazgo político ponen en peligro a toda las personas en la Tierra». Con el agravante de haber desaprovechado las oportunidades generadas tras la caída del Muro del Berlín. (Agencias)