Estimados Amigos, un saludo con el gusto de siempre, desde este espacio de Plaza Juárez. Tal y como lo anunció la empresa Innovación Taurina que bajo la dirección de la Licenciada Erika Molina Barragán lleva los destinos de la Plaza de Toros Monumental “Vicente Segura”, el pasado viernes en el área de Tertulias del Museo Taurino en la Monumental pachuqueña se llevó a cabo la Conferencia Magistral denominada “La Historia del Toro de Lidia en México”, dictada por el M.V.Z. Urso Martín Dávila Montero, Maestro en Patología y Doctor en Patología Veterinaria y Patología Biológica, por la Universidad de Córdoba, España; a la cual asistió un importante número de aficionados.
En su ponencia el Dr. Dávila Montero habló de la aparición de los bovinos en el planeta señalando que los primeros vestigios de la presencia de mamíferos astados data de hace casi setenta millones de años, manifestando que durante los primeros tiempos de la época terciaria vivieron animales del género Anoplotherium en el que algunos individuos ya tenían la capacidad de rumiar. Concretamente al Plioceno (último periodo de la Era Terciaria) de la India. Aproximadamente unos dos millones de años atrás, ejemplares pertenecientes al Bos acutifrons han sido considerados el ancestro de dos clases de rumiantes dotados de cuernos de gran tamaño, el bisonte y el Uro o aurochs, individuos que habitaban en Europa en el periodo Pleistoceno (Era Cuaternaria ) y que se fueron extendiendo paulatinamente hacia el Mediterráneo. Este aurochs era un toro de gran alzada, con dimensiones notables unos dos metros de altura y dotado de grandes cuernos, con variadas vueltas que acababan, finalmente en puntas ligeramente hacia arriba. Su capa generalmente era negra, dotada de una franja blanquecina a lo largo del dorso, pelo blanco, rizado entre los cuernos (el carifosco actual).
Señaló que el primer ganado de lidia que llegó a México, durante la Conquista y la Colonia, data de 1522, atribuyéndose a Don Juan Gutiérrez Altamirano, primo del conquistador Hernán Cortés, llevándolo a pastar a la Hacienda de Atenco, en el actual Municipio de Calimaya, Estado de México; cuyos límites iban de de Santiago Tianguistengo hasta Calimaya, de norte a sur y, de oriente a poniente, de Metepec a San Mateo Atenco, fundándose así la Dehesa de “Atenco” considerada la más antigua de la historia, que continúa en pie.
Continuando con su exposición el Doctor Dávila Montero hizo la referencia histórica de los diversos encastes que se fueron creando en la Cabaña Brava Mexicana, partiendo de Ganaderías primigenias, creadas a partir de la selección de vacas y sementales criollas que manifestaban determinado nivel de bravura, para posteriormente, por la influencia de Toreros Españoles que regularmente lidiaban en México, adquirir sementales españoles en primer término y después puntas de vacas, siendo la adquisición más importante, la realizada por el ganadero zacatecano Don Antonio Llaguno González, quien por la amistad que le unía al Diestro español Ricardo Torres “Bombita”, viajó en 1906 a España a tratar la compra de vacas con Don Antonio Rueda Quintanilla, Marqués del Saltillo, adquiriendo en su primer viaje 6 vacas y dos sementales y en el año 1911 otro lote de 10 vacas, seleccionadas personalmente por Don Antonio Llaguno, naciendo así la Casa Ganadera más emblemática del Campo Bravo Mexicano, considerando las vicisitudes que debió sortear Don Antonio para proteger a su preciado pie de cría durante el movimiento revolucionario.
Al continuar con su exposición se refirió a otras importantes Casas Ganaderas que han hecho historia y leyenda de la creación y cría de encastes, como son la Familia González en Tlaxcala, con la Ganadería Madre de Piedras Negras; la Familia Barbabosa en el Estado de México, con las Dehesas de San Diego de los Padres y Santín; Familia Madrazo del Estado de Jalisco con la Ganadería Madre de La Punta, así como la Familia Barroso con otra Dehesa legendaria como lo es San Miguel de Mimiahuapan en el Estado de Tlaxcala, todas ellas han regado su sangre en la Cabaña Brava de nuestro país. Mención especial hizo sobre los criadores Don Javier Garfias de los Santos y Don José Chafin Hamdan, ambos eruditos creadores y criadores de ganado Bravo, cuyas ganaderías “Grafías” y “San Martín”, respectivamente han sido simiente de infinidad de nuevos hatos.
Finalmente el Doctor Dávila Montero, se refirió a su tesis Doctoral “Osteocondrósis y su relación con la caída del Toro de Lidia”, en la cual, después de tres años de investigación, ha llegado a la conclusión de que este padecimiento que es es un trastorno del crecimiento en el cartílago, en humanos y animales domésticos, incluyendo a los Toros de Lidia influye en el sistema motor de los astados, provocando “un deslucimiento del espectáculo; la plasticidad y belleza del toreo de capote y muleta, (que) desaparecen cuando el toro presenta continuamente debilidad en sus miembros anteriores y por consiguiente ‘la caída’, siendo incapaz de finalizar los pases y caer a mitad del recorrido. Estos animales suelen ser más problemáticos y peligrosos que los que no se caen en ningún momento, ya que derrotan con mayor frecuencia, presentan medias arrancadas, son más ‘inciertos’ y se quedan en el centro de la suerte, es decir, se defienden mucho más de aquellos que no tienen dificultades para su locomoción y acometividad.
Desgraciadamente por falta de tiempo la referencia a la tesis del Doctor Urso Martín Dávila Montero fue ciertamente, limitada, sin embargo dado lo interesante del tema esperamos tener oportunidad de que en breve regrese a la Bella Airosa a exponer sobre su trabajo doctoral.
Cabe destacar el gran apoyo que el M.V.Z. Bernardo Espínola Samperio, Veterinario Titular de la Monumental Plaza de Toros “Vicente Segura”, prestó a la Empresa Innovación Taurina, para hacer posible esta Conferencia.
Por ahí nos vemos ENTRE EL CALLEJÓN Y EL TENDIDO si Dios lo permite.