Río de Janeiro.- Si la presidenta de Brasil Dilma Rousseff expresara pésame por cada fallecido a manos de un policía en Brasil tendría que hacerlo unas 2.000 veces por año. El viernes, al manifestar “solidaridad y sentimientos de respeto en este momento de dolor a Terezinha Maria de Jesus Ferreira, que perdió a su hijo Eduardo de Jesús Ferreira, de 10 años, en el Complejo de Alemao” dio cuenta de cómo este homicidio sacudió un poco el clima de indiferencia y resignación que se respira en el país cuando se habla de violencia y muerte en las periferias. Seis personas han sido baleadas, de las cuales cuatro han fallecido, en lo que va de semana tan sólo en el complejo de favelas de Alemao.
“Espero que las circunstancias de esta muerte sean esclarecidas y los responsables, juzgados y castigados”, agregó Rousseff. Por ahora, los dos agentes policiales implicados han sido retirados de las calles. “El único tiro que escuché fue el que mató a mi hijo”, contó Terezina, desesperada, a los medios locales contraponiéndose a la versión de la policía, que asegura que el chaval fue víctima de una bala perdida al interponerse en un tiroteo.
Según la versión de los padres, Eduardo recibió un tiro en la cabeza sin justificación en la puerta de su casa, donde el cuerpo fue encontrado minutos después, tal y como muestran algunas imágenes publicadas en las redes sociales. El impacto de las fotos y vídeos, la poca edad del niño, así como la indignación acumulada tras una semana de intensos tiroteos en la comunidad y el esfuerzo de vecinos y pequeños medios de comunicación local en expresar la indignación ha convertido el caso en unas horas en un símbolo de la lucha contra la violencia policial en las comunidades. (Agencias)