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La credibilidad perdida…

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La credibilidad es muy fácil de perder y sumamente difícil de recobrar, esta premisa bien importante es que los legisladores la tengan muy en cuenta al momento de tomar sus decisiones, o mejor dicho, al momento de levantar la mano para obedecer y votar las líneas políticas que sus líderes de bancada les han marcado, pues está más que visto que la mayoría de nuestros representantes no piensan por sí solos sino a través de los intereses de sus respectivos partidos.

Es una lástima que un sistema democrático se use solamente para beneficiar otros intereses que nada tienen que ver con la ciudadanía, pero más lamentable resulta la traición de los legisladores que en lugar de buscar mejorar los niveles de vida para sus representados, hagan exactamente lo contrario y salgan con su batea de babas de que no habrá afectaciones en el bolsillo del pueblo; seguramente con el salario que nuestros representantes ganan por hacer nada positivo, pues no les duela lo que las mayorías están padeciendo día con día.

Pasar un par de horas en un tianguis popular le daría a los diputados y senadores de ocasión una idea de la verdadera necesidad social y tal vez, digo tal vez, podrían adquirir esa sensibilidad tan fundamental en el ejercicio de sus funciones; pero eso es utopía, pues desde el momento que ellos asumen el cargo de legisladores difícilmente se les vuelve a ver en la muchedumbre que los eligió; ahora son totalmente palacio y dos centavitos no perjudican nada, para qué tanto escándalo, dirán.

Durante sus procesos de levanta dedos se esfuerzan por demostrar que sus trabajos son productivos y en bien de la nación, pero se desligan de inmediato de aquello que puede afectar su imagen política; ese es el meollo del asunto, los legisladores al acordar leyes o reformas, solo ven los votos que ello les pueda generar y no analizan los efectos sociales que se pueden tener, para eso que hacen los legisladores mejor sería no enviar a nadie.

Actualmente no necesitamos encuestas sesudas y contratadas para darnos cuenta el nivel de credibilidad hacia los que nos representan en el Congreso o gobiernos de todos los niveles, basta con ir a cualquier esquina y preguntar a Juan Pueblo y seguramente les dirá la frustración de cada mañana al darse cuenta que sus expectativas de mejorar su nivel de vida es nula y todo ello gracias a nuestros ilustres políticos.

Recuperar la credibilidad no se logrará con regalar despensas, o con las flamantes plataformas electorales que nunca se cumplen, o con brigadas partidista para barrer las calles y pintar las guarniciones, la credibilidad se debe recuperar (ojo, no estoy diciendo “ganar la credibilidad” esa ya se tenía y los legisladores la han traicionado) con acciones que lleven a beneficios que la gente palpe en un mejor nivel de vida, la gente ya está cansada de mentiras y los Partidos están ciegos a esa realidad.

La gente no quiere pescado, exige los elementos necesarios para que ellos puedan pescar, las promesas no alimentan nada buena, sobre todo las promesas incumplidas, esas solo generan resentimientos peligrosos.

A los Congresos Locales se les exige estar a la altura de las funciones que se les han encomendado, no vayan a salir con la tontería de aprobar en automático todo lo que les envía su respectivo Ejecutivo Estatal, lean y analicen las iniciativas y voten en conciencia, ¡para eso se les paga!.

De los Partidos Políticos ya nada bueno se espera, no por los principios que enarbolan, pues si estos se siguieran al pie de la letra otro gallo les cantaría, más bien la poca confianza en esos institutos políticos es por sus actuales líderes partidistas, pues para ellos primero están sus aspiraciones personales y el pueblo que se friegue.

Al pueblo, vamos a dar el ejemplo de civilidad que nuestros representantes no han sabido alimentar, los mexicanos somos gente pensante, pero también actuante.

Las palabras se las lleva el viento pero mi pensamiento escrito está.

Miguel Rosales Pérez