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El cofre

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El cofre

PEDAZOS DE VIDA

La última vez que abrieron el cofre, sólo una persona logró escapar. Según la historia contada, ese artículo preciado por fuera jamás debe ser abierto, porque en su interior está él… Eso, eso que ni siquiera uno puede pronunciar, porque son palabras místicas que guardan su poder en la pronunciación, no en la estructura que tienen.

Han pasado 60 años desde que la masacre ocurrió. Cuando la policía llegó, todavía estaba ahí, dentro del cofre, terminando de comer a las presas que había matado. El único hombre que había logrado huir estaba muerto de miedo en la oficina de Seguridad Pública, tratándose de convencer de que nada de lo que había presenciado era real, de que el pequeño que habían encontrado dentro del baúl no había podido, sin dientes, haber provocado tan feroz ataque. 

Estaba acurrucado en el fondo del cofre con un pedazo de brazo, somnoliento por la saciedad. Los guardias aprovecharon para cerrar el cofre como marca el protocolo con criaturas como esa y, como es indestructible, lo entregaron al sobreviviente de la masacre, ya que era el único que podía recibir dicho artículo de lujo y muerte a la vez. 

Desde entonces, el cofre ha permanecido cerrado, quizá la criatura que lo habita haya muerto ya, pero sin haberse abierto no se sabe con certeza el destino del asesino cuyo único castigo fue el encierro dentro de ese cofre que mantuvo su silencio, su inquietud. 

El hombre está al borde de la muerte, sabe que cuando muera ese cofre quedará a la deriva, los doctores temieron muchas veces que se abriera antes de tiempo, pero ahora están seguros de que una vez que muera, los entes que lo atormentaron desaparezcan, saben que jamás se reconocerá como el asesino de su familia, uno como tantos enfermos que han perdido el contacto con la realidad en ese hospital.