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PEDAZOS DE VIDA
Hay cosas que podemos predecir, algunas que podemos manipular, hay otras que aunque más difíciles, no escapan de nuestras manos, pero también hay situaciones que se nos salen de control y más con la falsa identidad que cualquiera puede crear en una aplicación o red social para ligar.
Hace unos meses, instalé la aplicación para conocer gente, seguramente habría más posibilidades que el salir a buscar en los antros y bares, además de que parecía sencillo hablar con quienes se ven bien y descartar a los feos, y así fue, todo el tiempo que se utilizaba en una noche de cortejo se reducía a minutos en la aplicación.
La diversión llegaba hasta la puerta de la casa, no se tenía que aplicar mucho esfuerzo, unas fotos, unas cuantas palabras y en cuestión de minutos, quizá horas, la carne fresca estaba ahí esperando tener una aventura de aquellas que generan placer a más no poder.
Con estos antecedentes, creo que no debo explicar más, hubo un hombre que llamó mucho mi atención, estaba realmente guapo, acuerpado y tenía tiempo suficiente para llegar, a pesar de vivir sólo insistió mucho en que el encuentro fuera en mi casa. Unos días antes el moreno también había llegado en plena madrugada, yo sé que no quería irse, él me dijo que le había gustado mucho y que no quería que amaneciera porque se tendría que ir, al final no se fue…
Nuevamente, pasé la ubicación y me metí a la ducha, cerré la recámara contigua y me alisté en la mía, así estuve esperando al tipo ese que había quedado muy formal en llegar hasta mi casa, vi cómo su perfil aparecía cada momento más cerca y de pronto ya no se conectó y me hizo pasar un gran enojo.
Unos días después, un vecino me fue a visitar, en realidad quería que le prestara dinero y supe entonces a dónde había ido a parar el güero aquella noche, le enseñé la foto del perfil a mi vecino y me dijo que había sido ese vato, pero que no era el de la foto, aunque era igual de guapo, pero que el de la foto no era, que llevaba unas bebidas, que lo durmió y le robó cuanto pudo, le vaciaron la casa en menos de cuatro horas.
No tenía mucho dinero, así que le presté lo que pude, me agradeció y se fue, entré la recámara alterna, donde estaba por acabar el trabajo que estaba haciendo con el moreno, ya faltaba poco para quedarse para siempre como lo sugirió, y mientras cosía la piel, pensaba en la suerte que habíamos tenido, que hay entes que nos protegen de otros, luego pensé que quizá el protegido no fui yo sino el güero aquel que no llegó para quedarse. Por eso señor, le digo que los hombres que maté, no fueron escogidos por mí, que hubo algo que los hizo llegar y que aquellos que no tenían que morir, simplemente, por una u otra razón, nunca llegaron.