
RETRATOS HABLADOS
Todos los caminos que conducen al ejercicio de la política tienden a ser utópicos cuando no toman en cuenta que deben contemplar el uso del poder, con resultados regularmente lamentables sin que para ello importe que en la campaña que los lleva a un cargo de elección popular hayan hecho gala de sensibilidad, conocimientos por su preparación académica, fortuna económica que implicaría aversión total a cualquier acto de corrupción, carrera como líder carismático y comprometido, espiritualidad comprobada, capacidad para tomar decisiones prudentes y tolerantes, raíces humildes y empatía con los más necesitados, etcétera, etcétera, etcétera.
Los antecedentes amplios, ciertos e inobjetables que avalan a un candidato del partido que usted quiera o independiente, caen sin embargo, y de manera casi inmediata, apenas se saben poseedores de un poder que puede resultar mágico y pleno de posibilidades para cumplir sus promesas, o todo lo contrario, como es en la mayoría de los casos.
Y todo lo contrario es que los transforma en insensibles, ignorantes pese a títulos, ambiciosos y por lo tanto corruptos, hipócritas para mantener una sonrisa que ha dejado de ser sincera, incapaces de cumplirle a sus votantes, voraces y sin ápice de espíritu solidario, torpes para tomar cualquier decisión. Por supuesto intolerantes y ridículos integrantes de las clases pudientes, que lejos de actuar empáticamente con los marginados, ahora los ven con absoluto desprecio y lástima que disfrazan de solidaridad.
El poder enerva a quien toca, transforma para mal y genera la aparición cíclica de verdaderas cortes de aduladores que se benefician con sus lisonjas, o de temerosos súbditos cuando el enfermo ya dio el paso al dictador que todos llevamos dentro.
Por eso, y en vísperas de que los que hoy no existen de pronto cobren vida luego de ser nombrados en cada uno de los institutos políticos y en esa modalidad que usarán los de más poder para hacerlos pasar por independientes, sería prudente y necesario que los pretensos a una candidatura para presidentes municipales, diputados federales, senadores, fueran convocados a un retiro de corte espiritual para intentar por lo menos pedir a los cielos para que se defiendan en lo posible de tan terrible virus.
Para que acepten que la única y real vacuna es que miren la realidad sin filtros de por medio, que solo pueden tener los pies puestos en la realidad si salen a caminar las calles del lugar que les toque gobernar o representar, si transitan sus calles con todo y el temor que eso puede provocar. Tal vez incluso ocurra el milagro si en una de esas reciben el don celestial de poder transformarse en un simple ciudadano al que nadie reconoce, al que nadie intentará ocultar lo que de verdad sucede con trayectos elegidos con anterioridad y escenarios prefabricados para su gozo.
Retiro espiritual al que también asistan los que serán sus colaboradores, para que juren, mano en libro sagrado apoyada, que nunca, bajo ninguna circunstancia dejarán de decirle la verdad a su jefe; que no importa si su propia sinceridad los transforma de cercanos e incluso amigos, en enemigos del poderoso si éste enferma y de pronto solo es capaz de escuchar lisonjas.
Tal vez en ese reducido espacio de los que buscarán a toda costa impedir que el recién electo sea encerrado en la burbuja del débil visual que es incapaz de ver la realidad y solo la conoce por lo que cuentan, es donde habrá de observarse si la historia se repetirá hasta la saciedad o cambiará por fin y de manera definitiva.
Estamos a tiempo.
Mil gracias, hasta mañana.
jeperalta@plazajuarez.mx/historico/historico
@JavierEPeralta